La palabra en cuestión es “hasta” / “asta. Con hache y sin hache. Dos palabras en realidad, muy diferentes, pero que pueden ser igualmente enrevesadas.

No entraré, por motivos de espacio, tiempo… y otros, en la polémica sobre si las astas del toro deberían seguir siendo consideradas parte significativa de la “identidad cultural” de este país donde vivo y donde nací, como piensan muchos. Y mucho menos entraré, por motivos similares, en la consideración que me merecen las astas de tantas banderas como en este mismo país ondean por doquier para designar diferentes “identidades nacionales o nacionalismos”. Es la propia cantidad de astas lo que en principio me parece enrevesado. Pero, obviamente, se trata en realidad de dos asuntos poco comparables, de importancia desigual y sobre los que opino de manera muy diferente, que traigo a colación ahora solamente por la ocurrencia absurda de la hache.

Es en la palabra “hasta” en la que, no obstante, me voy a centrar aquí.

Me quedé en la fiesta hasta las tres. Me despedí de todos (¡Hasta la próxima!), subí al coche y no paré hasta llegar a casa.

Se trata de una preposición que indica un límite en el tiempo y en el espacio, también en acciones. Y a veces usada para enfatizar. Cuando se usa en sentido afirmativo es casi siempre equivalente a até. Pero no tanto con uso negativo.

Lo estuve esperando toda la mañana pero no llegó hasta las tres.

Esta es la forma que usaríamos en España para expresar la idea de que “Só chegou às três”, aunque en áreas del español de América también es habitual decir “Solo llegó a las tres”. Y existe además un uso diferente en América Central, Méjico y Colombia que consiste en omitir el “no” en el empleo de “hasta” seguido de expresión temporal con verbo de significado negativo:

Hasta las tres llegaré.

Se trata de una expresión (probablemente procedente de la fusión de “Llego a las tres” y “No llego hasta las tres”) que requiere precaución, resulta confusa para hablantes de otras áreas lingüísticas donde lo que se diría es “No llegaré hasta las tres”. Lo extraño para un oído no habituado a ese uso de “hasta”, que es en realidad un uso afirmativo pero con valor negativo, es que la acción de llegar, que en sí misma es de tipo puntual, parece expresada como si fuese durativa (algo así como si dijese que, durante una determinada cantidad de tiempo, cuyo límite es las tres, estaré llegando).

Pero tal vez lo más curioso sea que se acaba pareciendo a un uso de até que no se da en español con “hasta”:

Devo entregar o relatório até sábado.

Ese até, por el motivo que acabo de mencionar (la acción de entregar es también puntual, no durativa), no es equivalente en español a “hasta”, sino a “antes de” (“Debo entregar el informe antes del sábado”).

Vemos así que la palabra con hache puede llevarnos igualmente a largas consideraciones, aunque no sé si tanto como la palabra sin hache. Cuestión de intereses.