En el siglo XIII los colegios eran asilos para estudiantes pobres, fundados por donadores. Los becantes allí vivían en comunidades, bajo estatutos que se inspiraban en reglas monásticas. (…) En el siglo XVI, el colegio se modificó y amplió su reclutamiento. Compuesto antaño por una pequeña minoría de clérigos letrados, él se abrió a un creciente número de legos, nobles y burgueses, pero igualmente a las familias populares. El colegio se volvió, entonces, una institución esencial de la sociedad: el colegio con un cuerpo docente apartado, con una disciplina rigurosa, con aulas llenas de alumnos, en que se formarían todas las generaciones instruidas del Ancien Régime.”  (ARRIÈS, 1981:169 y 171 – mi versión libre al español hecha  para esta columna)

Pasados algunos siglos más, constatamos que la Escuela, pese a las ruidosas modificaciones sociales, siguió tan arcaica y rancia como lo fuera en su concepción primera: profesores a un lado, alumnos a otro, regidos los dos grupos por reglamentos tacaños, mantenidos por fuerza de la tradición, pese a las insistentes apelaciones al cambio, eficiencia y cumplimiento fiel de sus objetivos institucionales. Hay una sociedad entera que clama por renovación, cansada de los resultados desastrosos de un sistema de enseñanza que mucho promete y que muy poco lo cumple.

Sin embargo, al examinar con más detalle las leyes que orientan la organización de la vida escolar, se constata que, en el papel, avances considerables en lo que concierne a la autonomía de cada establecimiento de enseñanza, a la libertad de elección y de organización del elenco de contenidos que componen las distintas arquitecturas curriculares, al nivel de excelencia formativa ofrecido a los alumnos y a las estrategias de evaluación empleadas para constatar éxitos y fallos en el proceso de instrucción de dichos estudiantes no son de efectivo dominio de todos. La ley no es leída o comprendida en su entereza.

La escuela de hoy no marcha, pues somos obligados a convivir con las llagas externas e intereses de minorías dentro del espacio del aula. El gran número de alumnos atendidos por grupo, la mala distribución de la carga horaria de las asignaturas, la falta de participación efectiva de la comunidad escolar (padres, alumnos, profesores y gestores) en la organización y decisión sobre el empleo de los recursos, así como la calidad deficitaria de la formación académica docente, la rigidez especulativa de algunos sectores de la escuela, la falta de una planificación que abarque líneas de acción unas y cooperativas se muestran como obstáculos al honesto cumplimiento de la Ley de Directrices y Bases en vigor.

¿Cómo pensar en grandes proyectos, elocuentes discursos de igualdad político-social si todavía nos vemos amparados solamente por promesas tecnológicas, por verbas escasas, por la pizarra y la tiza  y por el falso orden  de largas filas de pupitres, ocupadas por legiones de hijos entregues a la Escuela? Y es que a ese grupo de personas, ingenuamente, buscamos, en un esfuerzo hercúleo, enseñarles a ser competentes y capaces, aptos para modificar sus entornos, futuros ciudadanos de primera clase, reproductores fieles de la honrada tradición escolar propagada desde el siglo XIII.

Pero el hecho es que, si no sabemos trabajar en conjunto, si no formamos parte de un grupo que actúa unido, si tenemos miedo a ser cuestionados, si creemos píamente en el saber libresco, sin considerar como verdad científica nuestras experiencias cotidianas no abriremos espacio al diálogo, a la duda, al error y al perfeccionamiento. Nos detendremos en nuestra formación, resistiendo heroicamente a las críticas que nos hace la sociedad. No podremos enseñar y aprender a leer el mundo. Estaremos cerrados al diálogo, porque no lograremos escuchar los gritos del siglo XXI. Seguiremos estando muy lejos, sanos y salvos, protegidos en la clausura del siglo XIII.

Obras consultadas

ARRIÈS, Philippe. História social da criança e da família. 2a ed. Rio de Janeiro, LTC. 1978

PRIORE, Mary Del. História das crianças no Brasil. 3a ed. São Paulo, Contexto, 2002.

ELIAS, Norbert. O processo civilizador: Uma história dos costumes. Rio de Janeiro, Zahar, 1994.

FREITAS, Marcos Cezar de & KULMANN JR, Moysés (orgs.). Os intelectuais na história da infância. São Paulo, Cortez, 2002.

ANTUNES, Celso. Novas maneiras de ensinar. Novas maneiras de aprender. Porto Alegre, Artmed, 2002.

FREIRE, Paulo. A pedagogia do oprimido. 34a ed. São Paulo, Paz e Terra, 1987.

FREIRE, Paulo. A pedagogia da autonomia. Saberes necessários à prática educativa. 25a ed. São Paulo, Paz e Terra, 2002.