En mi texto del mes pasado propuse una reflexión acerca de la relevancia de los contenidos que les pasamos a nuestros alumnos en las clases de español. ¿Serían de su interés? ¿Estarían relacionados con su realidad? Ahora les propongo una nueva reflexión: ¿cómo saberlo sin conocer a nuestro alumno?

Conocer al alumno parece algo no muy complejo cuando damos clases particulares. En los primeros encuentros le hacemos algunas preguntas generales y sabemos entonces cuántos años tiene, qué hace, con quién(es) vive, por qué quiere aprender el español, cómo fueron sus experiencias anteriores con el aprendizaje de idiomas extranjeros, qué piensa hacer en el futuro próximo etc. Sin embargo, ¿cómo tener todas esas informaciones cuando trabajamos con diez grupos de alumnos, con cuarenta estudiantes en cada uno? Realmente la tarea es compleja. Saber cuántos años tienen es lo más fácil, ya que normalmente los alumnos están agrupados por edad. Pero ¿cómo obtener otras informaciones que puedan caracterizarlos a los estudiantes para, con eso, poder adecuar nuestras clases?

Lo que tengo yo el hábito de hacer es, en el primer día de clases, tras presentarme, escucharles a los alumnos. En portugués, les cuento algo sobre mí, mi formación, mis intereses, lo que me gusta hacer, por qué estudié español, por qué estoy allí etc. Y antes de derramar sobre ellos el programa, las fechas de pruebas, los trabajos, los escucho. Les cuestiono sobre qué conocen y qué piensan del idioma, por qué quieren aprenderlo (si el curso es opcional) o qué piensan de la idea de aprenderlo (si el curso es obligatorio), a quién(es) conocen que lo habla(n), qué otros idiomas hablan o ya estudiaron, con quién(es) viven, dónde y, sobre todo, qué hacen en los ratos libres.

Esas breves respuestas, en esa charla completamente informal, ya me darán preciosas pistas sobre temas de su interés, posibles estereotipos que merecen atención especial, dificultades específicas en el aprendizaje de lenguas, nivel de conocimiento previo del idioma y sus manifestaciones culturales etc. y, con ello, puedo preparar un curso un poco más direccionado y efectivo. Seguramente la observación constante y el diálogo frecuente y abierto durante las clases siguientes nos proveerán otras informaciones relevantes que podremos utilizar al momento de elegir objetivos, temas, textos, ejercicios y dinámicas en clase.