Cuando éramos chicos y estábamos en el colegio, el comienzo del mes de noviembre infundía ánimo: era el último mes de clases y esto, de por sí, era motivo de festejo: íbamos a salir de vacaciones, íbamos a ser dueños de nuestro tiempo… ¡Viva!

Las clases particulares también exigen una programación de niveles y contenidos y un día estos se terminan. Es importante que los alumnos sepan con anticipación cuándo llegan al último nivel y cuál es la fecha aproximada de conclusión de las clases para que programen su agenda… y también se programen mentalmente. Cuando les recordamos que ya estamos acercándonos al final y tendremos pocas clases más, no siempre leo en los ojos de los alumnos ese ¡viva! que sentíamos de chicos. Por el contrario, algunos denotan una sensación de inseguridad que, a veces, se materializa en una rápida respuesta: “¿Ya?”.

Cada caso debe analizarse en particular. Para muchos, el estudio de la lengua fue meramente instrumental, una herramienta que precisaban para su trabajo; para estos, al cumplirse el objetivo, la sensación es positiva: ¡lo cumplí! Para otros, que también pueden haber empezado porque necesitaban el dominio de la lengua para su trabajo u otros motivos, el “durante” pasó a ser más importante que el “objetivo” en sí, ya que significa un momento de interacción con quienes comparten el tiempo de las clases; es decir que ese tiempo semanal se tornó una parte de su día a día que va más allá del mero aprendizaje de la lengua para tornarse un intercambio de opiniones, de maneras de pensar, reflexionar y analizar situaciones. Frente a los temas planteados en clase, cada uno aporta su grano de arena: el que es más tradicional, el que siempre trae un nuevo punto de vista, el que hace un cuidadoso análisis racional, el que ve los sentimientos y emociones que están por detrás, el que reúne más de una de estas facetas, tratando de lograr el equilibrio que únicamente conseguimos poniendo todas ellas sobre la mesa. A estos alumnos, pensar en terminar las clases les produce una sensación diferente. Pueden decir: “no me siento seguro todavía”, “me parece que me falta fluencia”, “tengo que escribir más”, “¿qué hago si tengo una duda?”. Pero, probablemente, en su interior sientan: “¡cómo las voy a extrañar!”.