En los posts anteriores nos referimos a las clases a medida y a las necesidades específicas de algunos alumnos. Hoy vamos a referirnos a lo que podríamos llamar, con sentido del humor, “curso exprés”. El alumno entra en contacto y nos dice: “en un mes tengo que hablar español y preciso tener clases todos los días”, sin tener conciencia de que aprender un idioma es un proceso que lleva un tiempo que no se mide solamente en horas efectivas de clase, sino que requiere que los conocimientos se asimilen y decanten, lo que no sucede a la misma velocidad en que se tiene clases. En concreto, si programamos dos o tres horas de clase seguidas para un alumno, tenemos que ser conscientes de que el rendimiento no será el mismo en la primera hora que en las siguientes, que tendremos que ir matizando los diferentes tipos de actividades para que la clase sea productiva y que probablemente el último fragmento de la clase deberá ser muy leve para que el alumno, ya cansado, aproveche alguna cosa. Si nos imaginamos este proceso repetido durante los cinco días de la semana a lo largo del mes que el alumno tiene, el porcentaje de retención nunca será el mismo que si tuviera esa misma cantidad de horas de clase, pero repartidas en una frecuencia menor y durante un tiempo mayor. ¿Qué hacer entonces? Lo primero es explicarle al alumno cómo funciona este proceso y tratar de fijar horarios de clases en días no seguidos, como máximo tres veces por semana, y con una duración que no exceda una hora y media. Por experiencia, dos horas ya son mucho y la última media hora será tiempo casi perdido. Si el alumno insiste en un tiempo mayor o en tener más clases, se puede hacer un test para que él mismo compruebe las dificultades del sistema que propone.

El camino es, entonces, optimizar esas tres clases semanales haciendo un levantamiento de las necesidades del alumno (como explicamos en posts anteriores) y determinando, a partir de estas, los contenidos básicos (no podremos hacer vuelos muy largos) que le vamos a dar. Generalmente, lo mejor es priorizar la comunicación, la comprensión auditiva y la lectura de textos simples, en un proceso en el que el uso de una destreza complemente la otra. Detenerse en explicarle gramática al alumno nos llevará un tiempo que no tenemos.

Así, es mejor que aprenda las funciones comunicativas básicas (saludar, presentarse, pedir informaciones por la calle, ordenar la comida en un restaurante, expresar una opinión simple, etc., además de algunas más específicas que el objetivo del viaje haga necesarias). La audición servirá para que tenga una comprensión esencial de los temas que se están tratando y de la finalidad que tiene esa comunicación (informar, dar instrucciones, dar una explicación, etc.); al mismo tiempo, esa audición servirá para introducirle formas de expresarse, decir que está de acuerdo o en desacuerdo, demostrar sentimientos (sorpresa, agrado, desagrado, etc.). Es importante pasarle videos en los que el contexto visual así como la lectura de las expresiones, gestos, movimientos de quien habla ayuden a comprenderlo mejor; pero también debemos ponerle audios en los que no tendrá esta ayuda “extra” para prepararlo para entender comunicaciones telefónicas en las que solamente contará con su oído, y en las que debemos hacerle notar los diferentes tonos de voz, el acento, el uso de ciertas palabras, como formas de ampliar su “lectura auditiva” y, por consiguiente, su comprensión. Por fin, la introducción de algunos textos relacionados a la realidad del país al que va a viajar va a ayudar a situarlo en el tiempo y lugar en el que va a vivir su experiencia.

Podemos dividir la clase, así, en tres partes de media hora cada una. La primera media hora la podemos dedicar a la comprensión visual y auditiva para que el alumno “entre en materia”, o sea, darle contenidos que lo induzcan a hablar en la siguiente media hora, en la que vamos a darle las funciones comunicativas que le permitirán expresarse. Este orden es importante porque la segunda media hora será el momento de mayor rendimiento del alumno. Para la última media hora, guardaremos la lectura del texto que será una parte en la que se verá menos exigido, teniendo en cuenta que ya estará cansado. Para variar, a lo largo del curso podemos invertir el orden entre la tercera y la primera, comenzando con el texto y terminando con el video, pero dejando la parte comunicativa en el medio para aprovechar el pico de rendimiento.

Es importante ir constatando periódicamente cómo se siente el alumno, si cree que está progresando y cuáles son sus dificultades para priorizarlas en las clases que nos falten. Y nunca nos tenemos que olvidar de incentivarlo elogiando sus progresos y mostrándole sus avances. Nosotros somos su primer espejo y la imagen que le devolvamos va a ser determinante para que construya la imagen de su propio desempeño.