Discutíamos anteriormente sobre la etapa de lectura y yo había destacado que las preguntas de comprensión lectora se deben elaborar de acuerdo al género discursivo y a los objetivos de lectura.

Durante mucho tiempo, leer en el salón de clase tenía fines que no estaban relacionados con la capacidad de comprender un texto. El alumnado leía en voz alta para que el profesor pudiera verificar si los estudiantes pronunciaban correctamente las palabras y observaban la puntuación; respondía a cuestiones de localización de informaciones explícitas y algunas veces era motivado a dar su opinión sobre lo que había leído. Sin embargo, fuera del salón de clase ¿por qué leemos? En general, tenemos objetivos definidos y muy diferentes de aquellos establecidos en el ambiente escolar: leemos para informarnos, distraernos, adquirir conocimientos generales, aprender algo específico, prepararnos para una prueba, saber cómo funciona un aparato o cuáles son los efectos colaterales de remedios y así sucesivamente. Para cada uno de esos objetivos, hay géneros discursivos más apropiados y por outra parte todos sabemos lo que debemos leer para alcanzar cierto propósito. Cada género discursivo tiene funciones sociales específicas dentro de las esferas de actividad humana en que circulan.

Las características de los géneros discursivos y los propósitos que tenemos determinan cómo haremos la lectura: más minuciosa, palabra por palabra; más general, para tener una idea del todo o dirigida a algunas partes del texto. Los conocimientos previos sobre el género discursivo también nos señalan si podemos atenernos al significado más corriente de las palabras o si debemos buscar otros sentidos menos evidentes, si el escrito puede ser intencionalmente ambiguo o, por el contrario, debe ser claro y preciso. Resumiendo, nuestra postura como lectores ante un texto tiene que ver con la noción que tenemos del género discursivo en cuestión y con nuestros propósitos. Así, haremos por ejemplo una lectura más superficial, o más crítica y reflexiva o más analítica. Eso se hace más evidente cuando pensamos en la forma en que leemos entradas de diccionario, horóscopos, poemas, prospectos de medicamentos, artículos académicos o historietas.

Bueno, y en el salón de clase, ¿Cómo leen los alumnos?

Como ya dije en otras oportunidades, diseñar actividades de lectura cuyo foco sean los géneros discursivos presupone cambiar nuestras concepciones acerca de qué, para qué y cómo se lee en la escuela. Es necesario que las actividades establezcan objetivos de lectura para los estudiantes. Si van a leer las instrucciones de un juego, no es para aprender el imperativo sino para aprender cómo se juega. Si van a leer una sinopsis de película, no es para identificar verbos en el presente sino para conocer la trama y los personajes principales. De ahí que las cuestiones propuestas deben tener en cuenta esos objetivos y propiciar efectivamente la comprensión del texto. ¡Pero eso no es todo!