En muchos países de habla hispana y de tradición cristiana, se dice “Felices Pascuas” (en plural) para referirse al período de las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

En general, la víspera de Navidad se llama “Nochebuena” y la de Año Nuevo, “Nochevieja”.

En muchos lugares antes de la Nochebuena circulan las “posadas”, una especie de procesión que llama a la puerta en varias casas a llevar una bendición, y en la última reciben comida y bebida.

Y en todas partes se cultivan tradiciones: armar el pesebre en Navidad, comer pan dulce, comer doce uvas y lentejas en Año Nuevo (en España), comer la torta de Reyes (en México), etc.

En España, y significativamente en México, la fiesta más importante es la de Reyes (el 6 de enero). Como los Reyes Magos le llevan regalos al niño, nada más justo que ese día se entreguen los regalos. No sé muy bien, pero parece que los Reyes llegaron algo atrasados, porque el niño había nacido unos doce días antes…

El niño creció, salió a predicar, trató de implantar el amor al prójimo, y lo mataron. Es así: cuando alguien intenta hacer algo por el bien ajeno, los humanos lo descuartizan.

Y así llegamos al Domingo de Ramos, que es cuando el niño, ya grande, vuelve al pueblo subido en un asno, la gente lo adora, y luego lo crucifica.

La expresión “De Pascuas a Ramos” se puede interpretar como una trayectoria de vida y de lucha, que empieza al nacer y (no) termina al morir…

Pero en realidad dicha expresión se refiere a la Pascua de Resurrección (o Pascua Florida), que se festeja una semana después del Domingo de Ramos. Por lo tanto, entre ambas festividades media un lapso de un año menos una semana. Y por eso, al decir “de Pascuas a Ramos” se quiere indicar que algo solo ocurre muy de vez en cuando.

¡Felices Pascuas a todos!