El año entrante cumplo 35 años de actuación en el área de traducción. A lo largo de ese tiempo muchas cosas han cambiado, en todas las áreas, y en mi profesión también.

Hace 30-35 años había pocos diccionarios en Brasil a disposición de los traductores de español. A decir verdad, no había casi nada. Algunos pocos importados. Yo viajaba a la Argentina, al Paraguay, a Perú y compraba ponchos y diccionarios. Ponchos artesanales y diccionarios técnicos.

Diccionario de mineralogía, de botánica, de ecología, de derecho, de ingeniería, de psicología, de semiótica, de farmacología, de finanzas, de mecánica, de informática, de sinónimos, de regionalismos, de dudas…

Sí, porque cuando uno es traductor, el cliente o el autor del texto cree que conocemos todos los términos usados en todas las ramas de las ciencias, de la tecnología, del derecho, etc.

En mi biblioteca hay una verdadera fortuna en grandes y pequeños volúmenes que fui comprando. Porque adquirir diccionarios era una necesidad constante: cada vez que tenías el más actualizado, los técnicos inventaban nuevos términos que no constaban de la edición anterior.

Y así los traductores corríamos detrás de nuevas ediciones, que siempre llegaban tarde.

Pero hoy día los diccionarios nos llegan en línea, y de eso ya hace algún tiempo. Tan es así que raras veces salgo de mi mesa para abrir uno de los tantos ejemplares que tengo en la estantería. Y eso es malo, porque me paso el día sentada y tengo problemas de columna. Pero al mismo tiempo es cómodo, porque resuelvo (casi todas) mis dudas y hago la traducción más rápidamente sin salir de la silla.

Hoy los traductores tenemos a disposición diccionarios en CD instalados en la computadora, diccionarios on line actualizados casi a diario, wikipedia, diversas herramientas de traducción (softwares), foros de traductores, bastante útiles para aclarar dudas de uso, y el tramposo Google Traductor, capaz de desfigurar todo el texto si no estás atento.

En línea o en papel, encuadernado o estropeado, nuevo o manoseado, el diccionario es el mejor amigo del traductor profesional, porque para hacer una buena traducción es necesario conocer el idioma (el propio y el ajeno), y para conocer el idioma no hay nada como un diccionario.

Y para completar, un diálogo ilustrativo:

“—Te noto dubitativo, circunspecto, taciturno, nefelibato, anonadado; ¿necesitas algo?

—Sí, un diccionario…” (www.facebook.com/OrtografiaOficial)