San Carlos de Bariloche, ciudad argentina situada al oeste de la provincia de Río Negro, se encuentra dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi. Sus grandiosos paisajes de montaña, vegetación, glaciares y volcanes dieron a este edén una fama de proyección internacional. Tanto en invierno como en verano, el Parque Nacional y la ciudad reciben cerca de 500.000 turistas.

El nombre dado a la ciudad tuvo su origen en la palabra Vuriloche, que en lenguaje de los mapuches designaba a los habitantes que se encontraban del lado este de la cordillera. Ya la primera parte del nombre, San Carlos, nace de una carta que fue enviada a un comerciante alemán, don Carlos Wiederhold, que por error era llamado San Carlos. Pasando el tiempo, estos dos nombres comienzan a transformarse y a entrelazarse para formar el nombre de la ciudad: San Carlos de Bariloche. Los españoles llegaron allí a principios del siglo XVII, y la población local pasó a mezclar aborígenes, conquistadores, jesuitas e inmigrantes; después de su desarrollo, es hoy uno de los centros turísticos más importantes de Argentina.

De todos los viajes que he hecho en mi vida a diferentes países, Bariloche, en Argentina, fue la más espectacular experiencia que he tenido: una relación estrecha que promete un idilio eterno, algo como una simbiosis entre la naturaleza y el hombre, este tan achicado con la grandiosidad y exuberancia del paisaje.

Muchos la llaman “Brasiloche”, pues la invasión brasileña es algo que se puede notar por el bullicio, por el “portuñol”, por la presencia masiva de miles de turistas brasileños. Con eso, también se amplió la oferta del portugués en algunos centros de estudios, transformando la ciudad en uno de los destinos de América del Sur más visitados por el brasileño.

¿Qué tiene que saber uno cuando va a Bariloche? Seguramente esta es una pregunta que se hacen muchos viajeros antes de visitar la ciudad de San Carlos de Bariloche. Esquí y actividades de montaña; enfrentarse a lagos y ríos caudalosos; pesca, caminatas en la naturaleza virgen y muchas otras actividades son las principales expectativas por las que los turistas se dirigen a Bariloche. Aunque Argentina viva un momento económico complicado, los argentinos encuentren restricciones para comprar dólares y el peso esté artificialmente valorado, vale mucho conocer Bariloche y poder descubrir su majestuosidad, en mi opinión tan bien descrita por Jorge Luis Borges, escritor argentino en el fragmento que sigue.

“La región lacustre argentina, revelada hace medio siglo, difiere de todas las demás. Es una insospechada Suiza secreta, perdida hacia el sudoeste en los contrafuertes de la Cordillera de los Andes. El clima es frío, la vegetación milenaria; los bosques silenciosos y solitarios se detienen en lagos quietos que espejan la nieve de los cerros espléndidos al sol.”

 “Cerca de la ciudad está el Cerro Catedral, apto para el arriesgado vuelo del ski, y ofrece desde su cima una increíble imagen de belleza; el lago, las islas, la ciudad, los bosques, el cielo y todos los colores en el aire seco y liviano de la montaña.”

Esa descripción refleja todo lo increíble que es turistear por San Carlos de Bariloche, esta ciudad que revela a sus visitantes un mundo de posibilidades, conquistas e desafíos. Quizá podamos decir que Bariloche es la más pura representación de un deseo colectivo de conocer el paraíso.

 

Referencias bibliográficas

http//www.naya.org.ar/turismo/congreso2003/ponencias/diana_guerra_chirinos.htm

Smith, V. (1992). Anfitriones e invitados. Madri: Endymian.