En 2013 la venta de smartphones en Brasil superó a la de teléfonos móviles comunes en un 110%, pasando a ocupar una porción del 54% del mercado nacional. Esto significa que, actualmente, nuestro país cuenta con 70 millones de teléfonos inteligentes, lo que lo coloca en el 4.º lugar en todo el mundo, según un informe divulgado por la consultoría americana Morgan Stanley. En materia de conectividad, el mismo informe afirma que en Brasil 88 millones de usuarios acceden a Internet, lo que representa un 45% del total de la población.

Otra encuesta, divulgada por Google Brasil en agosto del mismo año, constató que estamos insertados en lo que se puede llamar una realidad de “pantallas múltiples”. En otras palabras, según este informe, los brasileros pasan cerca de 13 horas semanales usando el smartphone, 19 horas viendo televisión y 26 horas frente a una computadora. Pero hay más. Los datos nos informan que la mayor parte de los usuarios no se restringe solamente a una pantalla, sino que usan en su día a día dos o más de ellas al mismo tempo.

¿Qué es lo que miramos tanto en esos dispositivos? Cuando estamos conectados, ¿qué hacemos para gastar tanto tiempo? Navegamos en las redes sociales (¿alguien tiene duda?). Consideramos “redes sociales” no solamente a Facebook, sino también a Instagram, Twitter, Snapchat, entre varias otras que están a nuestra disposición para que podamos dar una “espiadita” en la vida ajena. A fin de cuentas, si el chisme forma parte de nuestra comunicación social hace tanto tiempo, ¿por qué dejaría de formar parte de ella justo ahora que tenemos a mano herramientas tan desarrolladas capaces de exponer nuestro selfie frente a todo el mundo?

Bueno, pero te debes estar preguntando adónde quiero llegar con toda esta información. ¿Qué tienen que ver todos estos números con tu práctica docente?

Yo diría que tienen que ver y mucho. Nunca se habló tanto como ahora de “cibercultura”, “alfabetización digital”, “multivocalidad” e “hipertextualidad”. Sí, porque las herramientas tecnológicas también se consideran instrumentos culturales de aprendizaje. Estas permiten que el alumno aprenda estableciendo relaciones entre contenidos e interrelaciones personales en un mundo virtual sin fronteras.

Por lo tanto, si la venta de smartphones ha crecido exponencialmente en nuestro país, si la conectividad ha aumentado y si buscamos cada vez más el uso de la tecnología en las escuelas, ¿por qué les pides a los alumnos que apaguen el móvil cuando empiezas a dar clase?

En el próximo post les voy a traer sugerencias de actividades usando el smartphone.

¡Hasta la próxima!