Al cabo de tres o cuatro años dando clases en Brasil, los profesores de español ya conseguimos distinguir las dificultades más frecuentes de nuestros estudiantes de diferentes niveles, en progresivas etapas de interlengua, y comprobamos que gran parte de las veces –pero no siempre- los problemas surgen allí donde las lenguas no coinciden, donde hay diferencias entre el portugués y el español, lo cual justifica el abordaje de la Gramática Contrastiva. Sin embargo, a pesar de conocer bien estos nudos problemáticos y aunque sepamos explicar las diferencias gramaticales entre las dos lenguas, no es tan común que nos preguntemos por las causas históricas de estas diferencias. Raramente abordamos en nuestras clases el porqué de los contrastes que explicamos, cuando esta información puede ser útil para el aprendizaje, además de amena y curiosa.

La historia de las lenguas puede explicar las divergencias, pero también lo que tienen en común el portugués y el español. Normalmente, al hablar de las semejanzas entre estas lenguas hermanas, solemos ventilar el asunto recurriendo al latín como origen común, pero esta no es toda la verdad, y aquí empiezan las noticias curiosas: el portugués y el español comparten un puñado de palabras anteriores al latín, prerromanas, tan arraigadas que sobrevivieron a la romanización de la Península Ibérica. También pertenecen al portugués y al español actuales unas pocas palabras, idénticas o muy parecidas, que se incorporaron al latín por contacto (adstrato) de otras lenguas europeas de la antigüedad. Autoridades como Corominas, Menéndez Pidal o Lapesa apuntan como probables palabras de origen no latino las siguientes: alude/alud, balsa, barraca, barro, cama, carro, cerveja/cerveza, colmena, estancar, garrapata, garça/garza, gordo, esquerdo/izquierdo, lama, manteiga/manteca, morcela/morcilla, etc. Estos vocablos provendrían de las lenguas celtas (presentes en buena parte de Europa), pero también del ligur o el vasco.

El influjo del vasco, además, podría explicar algunas diferencias importantes entre el portugués y el español en otros ámbitos, como la simplificación del sistema vocálico del castellano, formado, como la del vasco, por apenas cinco vocales.

Otra diferencia entre el portugués y el español que los profesores conocemos muy bien también puede explicarse, a partir de lo que dice Lapesa, por influencia del vasco: hay una larga lista de palabras con el mismo origen latino que en español comienzan con hache mientras que en portugués lo hacen con efe, por ejemplo: fada/hada, farinha/harina, falar/hablar, fazenda/hacienda, fazer/hacer, ferida/herida, fêmea/hembra, figo/higo, filho/hijo, fio/hilo, folha/hoja, fome/hambre, furão/hurón, etc. Escribe Lapesa que, en las zonas más occidentales de la Península Ibérica, más allá de la zona de influencia del vasco y el cántabro, se conservó la /f/ inicial latina, mientras que en áreas más próximas este sonido se transformó primero en [h] aspirada y después muda. Este fenómeno encontraría su explicación en que en el vasco no existía el sonido labiodental fricativo /f/ en posición inicial de palabra, con lo que en la zona de influencia vasca se tendería a eliminarlo.

Tenemos, pues, que tanto en lo referente al sistema vocálico como en la /f/ inicial, el portugués actual es más próximo al latín que el español, el cual se separaría de la lengua común original por el influjo lingüístico y cultural del vasco.

Concluyo aquí por hoy y, si me es posible, en futuras entregas continuaré con estos apuntes sin pretensiones sobre los orígenes de las diferencias entre el portugués y el español apenas para satisfacer mi propia curiosidad y con la esperanza de interesar también a otros colegas. En todo caso, más que notas para una seria y sistemática Gramática Histórica Contrastiva, pretendo ir dejando aquí pequeñas y ligeras píldoras relacionadas con la historia comparada del portugués y el español, adentrándome también en cuestiones históricas y culturales cuando contribuyan a elucidar las diferencias entre las lenguas.