Quienes damos clases de español a brasileños sabemos que hay temas críticos: aquellos en que los dos idiomas son parecidos pero diferentes. Es el caso de los pronombres complemento, que usamos constantemente en español tanto al escribir como al hablar. En portugués existen los mismos pronombres que se usan por escrito, pero que oralmente omitimos. Entonces, una frase como “te lo dije” resulta no solo extraña, sino prácticamente irreproducible por un alumno brasileño porque en su idioma jamás haría una construcción de este tipo.

Cuando llega el momento de dar este tema, lo hacemos en cómodas cuotas y tranquilizamos a los alumnos explicándoles que no estamos frente a un contenido como una expresión o un tiempo verbal que saben al salir de la clase. El aprendizaje de los pronombres es un proceso que comienza con mostrarles cómo se construye la frase para que se den cuenta que la diferencia entre los dos idiomas está en la manera como estructuramos las oraciones. El alumno produce frases con la estructura que tiene desde siempre en su disco rígido: la del portugués, en la que sustituye cada elemento por el respectivo en español. Resultado: una oración con palabras en castellano y cara del portugués. Como en la estructura de este último no se usan los pronombres complemento, no estarán presentes en la frase producida en el idioma que aprenden. Así, hacerles ver y concientizar su propia estructura les permite compararla con la que deben producir en el otro idioma. Ese cambio en el disco rígido lleva un tiempo y sobreviene al escuchar la estructura correcta en el uso cotidiano y en la corrección que les hagamos cuando omitan los pronombres.

Un recurso útil para que entiendan el tema es traerles un rompecabezas de oraciones en las que vamos armando las diferentes partes que las componen en español y colocando los pronombres para hacer las respectivas referencias, al mismo tiempo que hacemos la comparación con la estructura del portugués. Esto les permite a los alumnos entender el porqué de la presencia de estas palabras mientras ellos mismos “construyen” las oraciones en las que deben poner todos los elementos presentes. Completado este paso, la práctica ayuda y refuerza, pero reitero: es el tiempo y el estímulo de los ejemplos y la corrección que los va a llevar a utilizarlos.

Y ahora retomo el título de este post: inusitadamente, encontré a un alumno que, mucho antes de siquiera pensar en llevarle el tema, probablemente a partir de ejemplos que escuchó de nativos, me preguntó cómo se colocan los pronombres en español, cuándo usábamos “lo” y cuándo “le”. La explicación somera no fue suficiente: su curiosidad iba más allá. Así, en la mitad de un nivel básico le adelanté este tema que, generalmente, reservamos para niveles posteriores. Al final de la clase, escuché por primera vez: “Son divertidos los pronombres”.