Siempre hablamos de los alumnos que estudian una lengua por trabajo, para viajar o como instrumento para hacer investigaciones en textos en el idioma nativo. Sin embargo, hay otra clase de alumnos que tienen un fin bien diferente: no lo van a usar en su actividad profesional, no tienen planeado un viaje ni realizan estudios académicos. Simplemente, estudiar un idioma es, para ellos, una diversión, una manera de entretenerse y de ocupar su tiempo libre.

Pero estudiar una lengua, ¿puede ser un entretenimiento? La respuesta es afirmativa y se debe completar con que no es algo tan raro. Se trata de un perfil específico de alumnos: aquellos cuya vida intelectual es tan predominante que, inclusive en sus momentos de ocio, optan por ejercitarla. Para el profesor, serán siempre un desafío: ávidos por conocimiento –en las áreas más variadas–, preguntarán mucho y sobre todo. Los mecanismos de la lengua serán una curiosidad más que les permitirán tener acceso a todo el universo que se abre al estudiarla.

Este perfil nos lleva a plantearnos, como profesores, cómo programar las clases para estos alumnos: siempre deberán contener informaciones que vayan mucho más allá de la lengua para satisfacerlos, captar su atención y conseguir mantenerlos interesados en las clases. Son alumnos exigentes consigo mismos y con el profesor, que deberá prepararse en forma especial cuando decida abordar cualquier tema para no quedarse sin respuesta frente a eventuales preguntas.

En cuanto a la relación con posibles compañeros de curso, no es fácil combinarlos con otros: la disparidad de intereses y de profundización en los temas queda evidente y es difícil lograr un denominador común. Por ello, son alumnos perfectos para clases individuales, con los objetivos centralizados en sus propios intereses, o sea, en el transcurso de las clases y no en el fin del curso.

¿Elegimos a nuestros alumnos o ellos nos eligen? Generalmente, somos elegidos. Sin embargo, lo mejor es la variedad: cuanto más diversos nuestros alumnos más interesantes serán nuestras clases para nosotros mismos, profesores, porque nos exigirán desarrollar cada tema de una forma diferente y nunca daremos dos clases iguales.