Muchas veces encuentro nativos de países hispanos que quieren dar clases de español. Es común que me pregunten qué hay que hacer para empezar. Esta es una pregunta que tiene varias respuestas. El mejor camino es hacer algún curso que nos dé una mejor base de aquella gramática que aprendimos hace muchos años y de la que poco recordamos, además de enseñarnos cómo preparar y dar una clase, porque el hecho de ser nativos nos da la fluidez en la lengua, pero no significa que tengamos las habilidades necesarias para enseñarla. Un curso en el área nos permite, así, adquirir las nociones pedagógicas y teóricas que nos van a hacer falta. Las primeras se refieren a cómo montar una clase, cuáles son los objetivos de aprendizaje, qué contenidos transmitir y cómo, de qué manera practicar cada contenido, etc. Las segundas son los contenidos lingüísticos (gramática y funciones comunicativas) que nos van a permitir explicarles a los alumnos cómo se usan y por qué. El hacer un curso de este tipo requiere un tiempo, menor en el caso de los lato sensu, para los cuales solamente se requiere ser graduado universitario en este u otro país, en cualquier área. El curso tiene la ventaja adicional de “entrar” en el mundo de la actividad, o sea, hacer contactos con otras personas del medio, las que siempre nos aportarán consejos, recomendaciones y muchas veces incluso trabajo.

Un segundo camino es entrar en el proceso de selección de profesores de una escuela de lenguas, donde nos darán un entrenamiento que se centrará más en la manera de planear las clases que en el conocimiento de la lengua en sí, pero adquiriremos un rápido bagaje y nos insertará en el mercado. Una vez que empezamos a enseñar, vamos adquiriendo nuestra propia experiencia que nos traerá ideas de otras formas de dar los temas, nos hará ir moldeando nuestras clases conforme a los alumnos y, por supuesto, a nosotros mismos.

Por último, un aspecto muy importante es tener un buen conocimiento de portugués. ¿Por qué si lo que vamos a enseñar es español? Porque nos permitirá, primero, entender las dificultades de los alumnos en las zonas de contacto de las dos lenguas donde las pequeñas diferencias son las que más confunden y, más adelante, anticiparnos a ellas. También será útil para hacer un contraste, que es la forma más práctica de aclararles en qué se parecen y en qué difieren, además de enseñarles las trampas del gran parecido entre el portugués y el español.

Cuando nos mudamos de país, nuestra lengua y nuestras costumbres se convierten en un interesante “capital” para empezar a trabajar. Lo importante es encararlo de manera profesional y no como una actividad transitoria para mantenernos mientras nos ubicamos en otro campo.