Termino este año proponiendo inquietudes para el próximo período lectivo. Lo hago porque me parece muy adecuada una reflexión, aunque momentánea, en estos tiempos tan saturados de quejas e indefiniciones en muchos campos de la actividad humana, en especial en el ámbito de la escolarización.

– Tan solo la buena voluntad no es suficiente para que hagamos algo bien. Es necesario una competencia colectiva, porque la Escuela es un espacio colectivo. La competencia colectiva apunta hacia las posibilidades reales y necesarias de cambio.

– Hay una distinción básica entre el voluble y el flexible: es voluble el que cambia por cualquier cosa, sin tener convicciones o raíces, sin clareza sobre los métodos pedagógicos que utiliza; el flexible, justamente por tener convicciones fuertes y bien fundamentadas, es capaz de ajustar su conducta sin perder el rumbo.

– El cambio nos exige un desequilibrio momentáneo. Se corre el riesgo de caer, pero, a la vez, se pierde el miedo de que eso nos pase.

– Cambiar es necesario para que se construyan nuevas referencias orientadoras para el camino. Algunas cosas durante el recorrido permanecerán para todos, otras se desecharán para que la marcha pueda proseguir.

– La omisión de competencias o la ocultación de dificultades es siempre peligrosa al grupo. La Educación como proceso colectivo comporta en sí misma la necesidad de cambio y exige competencia colectiva: el que sabe reparte; el que no sabe busca.

– Mirar solamente lo nuevo es perder la base y quedarse solo en la novedad por la novedad. El activismo –resultante de la falta de diálogo– nos brinda un cambio sin cementos.

–  “No enseñar lo que se sabe, no practicar lo que se enseña y no preguntar lo que se ignora”, según San Beda (Patrono de los historiadores), nos lleva seguramente al fracaso o a la infelicidad espiritual.

– La medida de la inteligencia de un individuo la da la cantidad de incertezas que es capaz de soportar” (Immanuel Kant) “

–  “Locura es hacer lo mismo una vez tras otra y esperar resultados diferentes” (Albert Einstein)

– Coraje es la capacidad que uno tiene para afrontar el miedo.

– La Educación trata del futuro. El pasado es referencia y no el rumbo. Las respuestas están en este tiempo.

Si el mundo no es más el mismo, ¿cómo hacer las cosas de la misma manera?

Mario Cortella, profesor y filósofo brasileño, en una de sus ponencias, cita con mucha propiedad a François Rabelais: “Conozco a muchos que no han podido cuando debían, porque no han querido cuando podían”. La declaración hecha por el pensador francés se produce en el momento en que su mundo daba señales de cierre de un ciclo para abrirse a las posibilidades de un nuevo tiempo.

Inmersos en una profusión de teorías, herramientas, encargos y expectaciones, estamos igualmente buscando ajustarnos a un momento inédito, pero anclados en prácticas que ya no tienen más cabida o que simplemente no funcionan frente a una realidad nueva. Transformamos el trabajo cotidiano en hábitos y a ellos nos aferramos, sin hacer la debida distinción entre las raíces que sostienen y nutren y las cadenas que traban e inmovilizan la marcha hacia el desarrollo compartido del conocimiento. Nos limitamos a murmurar, lamentándonos por la crisis –en parte creada por nosotros mismos- y no transformamos nuestras protestas en acción. Maldecimos la oscuridad, pero no nos atrevemos a prender una única velita…, como señaló Cortella.

Se termina el año. Entre aprobados y suspensos, es inevitable un balance sobre lo se nos escapó del control por lo que no hemos logrado hacer cuando debíamos…y por todo lo que no hemos querido cuando podíamos.