A veces percibimos los giros fonético-fonológicos adquiridos en los lugares de procedencia de nuestros interlocutores. A mí me gusta jugar a adivinar de dónde proceden las personas según me hablan. Me entusiasma acertar. Mis padres son extremeños, concretamente de Cáceres. Lógicamente, cuando acierto con un trujillano en unos minutos la sonrisa nadie me la desdibuja del rostro. He de reconocer que, en realidad, no resulta tan difícil.

Siguiendo al profesor Viudas de la Universidad de Extremadura convendremos en que “el dialecto extremeño ha sido considerado por los dialectólogos como un habla de tránsito y como un habla dialectal, que posee características semejantes a otras hablas de la Península, puesto que todas ellas participan de rasgos de dialectos vecinos y poseen vulgarismos propios del castellano. El extremeño se ha comparado con las hablas riojanas, murcianas y canarias. Bien es verdad que el extremeño, por su situación geográfica e histórica, es un habla de transición, pero desde una perspectiva estructural y regional, podemos incluirlo en las hablas del dialecto leonés, del que participa en múltiples rasgos y considerar que tiene las notas suficientes que lo diferencian de otras hablas, como, por ejemplo, del asturiano; y, por consiguiente, que cumple los requisitos necesarios para denominarlo dialecto”.

Este mismo profesor nos recuerda que Menéndez Pidal considera a las hablas de Extremadura como pertenecientes al leonés oriental y, en efecto, existen rasgos que permiten esta adscripción, pero al mismo tiempo el extremeño posee otras notas que le dan una personalidad peculiar y hacen posible que un hablante de Extremadura se distinga por su manera de comunicarse de un salmantino, de un castellano y de un andaluz. Ese es mi juego favorito, hilar fino, agudizar el oído e intentar el acierto específico. Siempre sin olvidarme de que al dialecto extremeño lo dividimos en dos variedades que agrupan distintas hablas locales. Como muy bien explica Viudas Camarasa, una variedad la encontramos en la Alta Extremadura y se extiende a lo largo de la provincia de Cáceres; otra variedad la encontramos en la baja Extremadura y comprende la provincia de Badajoz. Estas dos variedades del dialecto extremeño constituyen las denominadas hablas de transición entre los dialectos leoneses y castellanos y los andaluces.

Para los que se animen a jugar, recomiendo vivamente revisar las consideraciones de Espinosa en Arcaísmos dialectales. La conservación de s y z sonoras en Cáceres y Salamanca. Para abrir boca o despejar oído, solo hay que tener claro que varios caracteres fonéticos generales del extremeño se encuentran en los dialectos andaluces como la aspiración de “h”, el seseo o ceceo (exclusivo de Cáceres),  la tendencia de las vocales finales a cerrarse, la aspiración o reducciónde la “s” al final de sílaba o de palabra y, por supuesto, el diminutivo siempre en “–ino”. En cuanto al léxico, en Cáceres no se friegan los platos se friega “la loza” y jamás te dirán una palabra de cariño más poderosa que el “prenda” de una madre o un padre de aquella tierra de conquistadores que irremediablemente conquista.