¡Hola! Me llamo Susana Martínez y a partir de hoy tendremos un encuentro cada mes en el que podré exponer mis ideas sobre la formación y la enseñanza de la lengua española, esperando obtener vuestras opiniones sobre el tema discutido, ya que este será un espacio de reflexión y aprendizaje para todos.

Por estas palabras siempre encontraréis la historia de una peregrina en la indagación. Como gallega, muchas veces ya fui rotulada de incansable en la busca por algo más. Y es que desde que la enseñanza entró en mi mundo, intento dejar las sombras producidas por el vacío de la incomprensión y caminar detrás de las respuestas que me den la luz para poder seguir.

En este largo e intenso camino como profesora e investigadora, algunas puertas se fueron abriendo y otras continúan cerradas. Espero que este sea un nuevo pasaje para reflexionar, discutir y así encontrar la llave de las incomprensiones que aún me quedan y que, con ella, también os pueda abrir puertas que os amplíen vuestras vías en la enseñanza.

Os puede parecer que tener la lengua española como lengua materna ha sido una ayuda pero la verdad es que no ha sido tan fácil y es justo sobre eso que pasaremos a tratar en esta primera reflexión.

El ser española fue el primer punto escogido por la persona que me convenció a elegir esta carrera. “Te será mucho más fácil, podrás empezar a trabajar enseguida, conseguirás dispensar algunas asignaturas en el plan curricular de la universidad”, me decía. Mera ilusión. Solo yo sé las dificultades por las que pasé y cuánto pude aprender al cursar una a una las disciplinas obligatorias para el curso de Letras (Portugués / Español). Empezar a trabajar realmente no fue difícil, pero el hecho de ser nativa, al mismo tiempo que me abría puertas, me hacía más exigente. El no poder fallar fue siempre y sigue siendo la piedra constante en mi zapato.

¿Y cómo no equivocarte? Ser nativo no significa que no puedas equivocarte; al contrario, puedes equivocarte mucho más. La ortografía es algo que nos persigue, por eso debe estar muy bien estudiada y al día ya que puede hacerte resbalar a cualquier momento. Yo suelo decir que cada año que pasa lo veo más difícil, ya que lo que sería mi segunda lengua (portugués) va tomando un lugar que, por momentos, se sobrepone a la dicha lengua materna. ¿Y cómo llegar a dar clases, transmitir todo tu conocimiento si no tienes el total dominio del uso de la lengua que pretendes enseñar? Es por eso que insisto en decir que la universidad es imprescindible, es en ella que aprendemos el funcionamiento de la lengua, es en ella que aprendemos a transmitir todo ese conocimiento del idioma para alumnos que quieren hacer uso del mismo.

Me acuerdo de que, trabajando en una universidad, más de una vez me pidieron que firmase la aprobación inmediata de alumnos en los primeros cursos de Lengua Española. Fueron varios los alumnos, del curso de Letras, que decían haber vivido en algún país de habla hispana o tener el diploma que comprobaba su competencia en la lengua. Cuántas veces tuve que demostrarles a mis compañeros que para firmarla tendríamos que comprobar en los alumnos no solo su fluencia, sino también hacerles ver que lo principal en el curso universitario es formar profesores y no simples hablantes. Recuerdo que, al pasar por un examen, uno de esos alumnos que tenía una fluencia magnífica, después de dos horas delante del papel se levantó y me dijo: “Profesora, perdona por ser tan orgulloso. Ahora reconozco que soy incapaz de responder a las preguntas de este examen”. Y para que no penséis que realmente era algo imposible y que en realidad la orgullosa era yo, os digo qué tipo de preguntas contenía aquel examen: Exponga la explicación que daría a sus alumnos para enseñarles a usar los artículos en español.

Por lo mismo he pasado hace poco tiempo en una pequeña selección de profesores en la que les proponía que expusiesen (por escrito) lo que podrían trabajar con los alumnos a partir de la letra de una canción. En aquel entonces, el 30% de los candidatos eran nativos e infelizmente todos comprobaron mi tesis de que un simple nativo (en el sentido de alguien que no estudió el idioma), no debe sentirse tan capaz como para llegar a transmitir el uso de una lengua a personas que no la conocen.

Enseñar una lengua extranjera exige mucho más que ser nativo. Sé que el amor por lo que haces es punto esencial pero el estudio, la dedicación y, ante todo, la humildad de reconocer que no lo sabes todo son prendas imprescindibles para peregrinar por el mundo de la enseñanza.