La elaboración de materiales para los cursos de enseñanza de lenguas es el tema de muchos trabajos actuales por el reto que supone adaptarse a las teorías de enseñanza-aprendizaje vigentes y los paradigmas elegidos por los organismos oficiales de Educación. Sin embargo, los materiales para cursos de lengua extranjera para fines específicos son un tema menos discutido y, a la vez, plagado de problemas y prejuicios.

Los libros dichos “de fines específicos” que se encuentran en el mercado para el español, por lo general, están volcados a áreas de negocios preferentemente, o sectores de actuación profesional como empresas, turismo, o aún, actividades específicas como: hablar por teléfono o escribir correspondencia comercial. Hay algunos pocos materiales, casi siempre publicados en España,  para otras áreas, como la médica, jurídica, pero son casi una raridad.

Lo que de hecho es la mayor preocupación referente a esos manuales es que todos ellos están diseñados como complemento de aprendizaje para aquellos que ya hablan el idioma o tratan de vocabulario y frases hechas sin un trabajo más profundo con el discurso.

En mi opinión, no se pueden considerar a estos libros materiales realmente destinados a fines específicos por dos razones: la primera es que algunos de ellos no atenderán a aquellos alumnos que no tengan conocimiento previo del idioma y, segundo, porque producen realidades fijas, muchas veces lejanas de las identificadas en procesos de análisis de necesidades reales.

Obviamente, los manuales pueden y deben ofrecer al profesor una forma más rápida y fácil de acceder a temas, vocabulario y modelos de producción oral o escrita que de otra manera serían difíciles de encontrar. Muchos de ellos tratan de aspectos que pueden realmente atender a determinados grupos, por lo menos en una parte. Así,  creo que deban ser adaptados según el diseño de curso realizado. Sin embargo, el profesor de cursos de lenguas que siga realmente el enfoque para Fines Específicos debe ser, igualmente, un investigador todo el tiempo.

Como discutí en el artículo anterior en este blog, el profesor no es muchas veces experto en el área de actuación de sus alumnos y, sin embargo, deberá enseñarles cómo hablar sobre ese mismo tema en otro idioma. Esa situación se plantea como un reto para el docente, quien deberá buscar informarse con sus propios alumnos e investigar continuadamente. El libro es una fuente de información, pero no debe ser la única. Así, el profesor de cursos para fines específicos deberá recordar la finalidad de su trabajo y la necesidad que tienen sus alumnos de aprender el idioma, el tiempo de que disponen, las actividades realmente importantes que quieren desarrollar en la lengua meta, e ir a fondo en busca de textos auténticos (escritos u orales) para, entonces, realizar el diseño de una actividad que atienda a todos esos aspectos.