El año de 2017 se recordará en nuestro país por una serie de sucesos que no podríamos celebrar o tratar con estima. La verdad es que, cada día más, los profesores nos vemos frente a muchos retos en una sociedad en constante cambio y en medio a conflictos de todo tipo. El papel de los docentes gana definiciones variadas de acuerdo con lo que cree o plantea uno u otro grupo social, en el intento de discutir o bien determinar cuáles son los límites de nuestra actuación en proyectos como el llamado “Escuela sin partido”.

¿Es parte del papel de la escuela y de los profesores plantear ideologías? ¿Cuáles son los contenidos permitidos y los “prohibidos”? ¿Es la Ciencia inferior a cualquier creencia religiosa de los padres de los alumnos y, por esa razón, ¿deben ser respetados los límites de lo que el niño quiere o no aprender?

Como profesores de lenguas extranjeras, tenemos un abanico de posibilidades de temas a la hora de trabajar para el desarrollo de las competencias comunicativas. Obviamente, muchos podrán elegir trabajar la lengua de la gramática y mantenerse en ello sin problemas, ni tampoco grandes logros. A la vez, un profesor de idiomas que tenga una formación contemporánea teóricamente desarrollada entiende la importancia de la enseñanza-aprendizaje de idiomas en la formación multicultural democrática de los individuos. La ciudadanía, la capacidad de respetar las diferencias y el ejercicio de la alteridad se desarrollan muchas veces en nuestras clases de lengua entre los diversos trabajos que realizamos.

Al contrario de lo que muchos legos puedan imaginar, la escuela verdaderamente preocupada con el desarrollo humano es ámbito democrático que busca formar para el pensamiento múltiple, crítico y no el pensamiento único. No se trata de “ideologizar” los contenidos y, consecuentemente, convertir a los niños en esto o aquello, amenaza constantemente recordada para justificar acciones que exceden los límites del razonamiento lógico y van más hacia la demagogia deliberada.

Tal vez, para lanzar algunas luces sobre el problema de los límites de qué y cómo enseñar, debamos apoyarnos en lo que plantean educadores de países diversos y organismos como las Naciones Unidas.

De acuerdo con el texto de las Naciones Unidas: “La educación debería abrazar valores tales como la paz, la no discriminación, la igualdad, la justicia, la no violencia, la tolerancia y el respeto de la dignidad humana. Una educación de calidad basada en un enfoque de derechos humanos significa que éstos se aplican a lo largo y ancho del sistema educativo y en todos los contextos de aprendizaje”.

Así es que los profesores no podemos tolerar discursos de odio y debemos mostrar los caminos hacia la tolerancia y el respeto. Ese es también nuestro papel. Cuando planteamos temas como la no discriminación y el respeto hacia, por ejemplo, los movimientos LGBTs o las religiones de raíces africanas, que vienen sufriendo violencias y destrucción en algunas ciudades de Brasil, eso no quiere decir que tengamos esta o aquella ideología política. Se trata, simplemente, del razonamiento natural de una civilización contemporánea que ha logrado evolucionar y quiere educar a sus ciudadanos para, como mínimo, la convivencia civilizada.

En Finlandia, país que siempre es recordado como ejemplo de excelencia en Educación, y que pude conocer en 2016, los niños tienen el derecho a estudiar con gratuidad y las escuelas no son separadas por niveles económicos. La gratuidad incluye comidas, visitas a museos, todos los materiales de clase, además de los libros. Igualmente, no hay asignaturas más importantes que otras. Las Artes son tan importantes como las Matemáticas. Se practica, así, la igualdad en todos los sentidos.

Obviamente nuestra realidad de país-continente es lejana a la finlandesa, sin embargo, nos da una idea del tipo de sociedad que queremos, sociedad que debería crecer y desarrollarse dentro de la escuela y no frente a la tele. Una sociedad crítica y respetuosa frente a lo diferente, que no hace distinciones e incorpora a todos como iguales.

Si aún así nos causa duda cuál es nuestro papel, debemos recordar la serie de documentos elaborados a lo largo de los últimos años por profesionales renombrados de la Educación y discutidos en las escuelas y universidades, como los PCNs, la Lei de Diretrizes e Bases, las OCEM, entre tantos en los que debemos continuar basando nuestra labor, pese a los gritos de grupos que, realmente, quieren imponer ideologías.

Edgar Morin (2011) plantea la importancia de ética de la comprensión, que requiere apertura, tolerancia, respeto y generosidad. Que podamos recordar esas palabras, más aún esos valores, cuando nos pongan en duda sobre cuáles son los objetivos de nuestro trabajo.

Referencias

Educación para los Derechos Humanos. Unesco. Disponible en: <https://www.unesco.org/new/es/education/themes/leading-the-international-agenda/human-rights-education/>. Acceso el: 4 dic. 2017.

 

MORIN, E. Os sete saberes necessários à educação do futuro. São Paulo: Cortez, 2011.