Cuando tenemos alumnos que forman un grupo para tener clases de español, una situación bastante frecuente es que uno falte y el otro venga. ¿Qué hacer en esa clase? ¿Qué hacer en la clase siguiente si vienen los dos: volver atrás o seguir adelante? ¿Y si el tema de esta última clase se basa en el tema de la anterior?

Hay grupos en los que, si uno no viene, el otro prefiere cancelar la clase para no quedar desfasados. En ese caso, ellos mismos encuentran la solución. En la medida en que no cancelen muchas clases, la situación no trae problemas.

Sin embargo, hay otros casos en que uno viene y el otro no. Nos vemos frente a un dilema. ¿Qué hacer? Una alternativa es dar un vídeo o leer un texto y dedicar la clase a mejorar la comprensión y producción oral sobre el tema del alumno que vino. Este se beneficia por la práctica totalmente dedicada a él y no se crea un descompás con el compañero. Si se trata de una situación aislada, es una buena solución, pero si las ausencias del otro se repiten, no podemos paralizar el curso porque, de esa forma, acabaríamos atrasando y perjudicando a quien es cumplidor y viene todas las clases. Así, en caso de repetición, creo que lo mejor es seguir adelante con la programación. Cuando no son ausencias constantes, sino ocasionales, una buena alternativa es tener en la manga algún tema del nivel en que estén los alumnos, pero que sea, de alguna forma, “independiente” en el sentido de que no sirva de base necesaria para otro contenido posterior. Entonces, se lo damos al alumno que vino y volvemos a guardarlo en la manga para la situación inversa: que no venga quien lo vio y esté presente quien faltó aquella vez. De esa forma, el grupo continúa equilibrado y siguiendo el programa y, en cuestión de un tiempo, se subsana la diferencia. El único inconveniente que existe es nuestro: cargar en nuestra maleta el material de esos temas que guardamos “en la manga”, lo que multiplicado por el número de alumnos que tenemos cada día, puede significar un peso extra.

Si según la programación corresponde un tema base para otros, no tenemos un material “guardado” y las faltas son reiteradas, creo que tenemos que hacer predominar el interés del alumno cumplidor y seguir adelante. Quien viene a clase no puede resultar “punido” por el incumplimiento del otro. Pero en una o dos clases el otro alumno vuelve y resulta que estamos en la mitad de un tema que ya veníamos desarrollando. Una buena alternativa es dedicar los diez primeros minutos a un rapidísimo repaso de lo visto de forma tal que no sea pesado, sino útil para quien ya lo vio y será una manera breve de poner a par al que estuvo ausente para que pueda, por lo menos, seguir el tema en el punto en que está. Probablemente, tendrá dificultades en los temas o posteriores, pero en ese caso se las explicamos puntualmente, por ejemplo, al hacer cada actividad y surgir las dudas. Esto nos llevará pocos minutos que no se le harán pesados a quien estuvo siempre presente. De la misma forma, frente a las dudas del alumno que ya vio el tema, podemos aprovechar y explayarnos un poco más al explicárselas como forma de apuntalar los conocimientos de los dos. Lo que creo que no podemos hacer, de ninguna manera, es repetir toda la clase anterior en consideración a quien ya la tuvo.

Las dudas más difíciles las podemos solucionar pidiéndole al alumno que faltó que venga diez minutos antes la siguiente clase o se quede diez minutos después, todo ello teniendo en cuenta nuestra propia disponibilidad de tiempo en función de otros compromisos que tengamos.

Por fin, llegamos al caso del alumno fantasma, que es aquel que aparece de vez en cuando como para tener la conciencia tranquila de que sigue en el curso, pero sin compromiso y con muy pocos resultados dado que falta más de lo que viene. En estos casos, el problema es del propio alumno. Cuando viene a clase deberá seguir las cosas en el punto en que están, sin atrasar a quien cumple viniendo siempre. Podremos darle algunas “ayuditas”, pero que no impliquen demora en las actividades. La tendencia es que, con el tiempo, se dé cuenta de que o se encarna en su papel de alumno y viene a clase normalmente o se vuelve un fantasma definitivo y deja el curso.