Si hay algo que podríamos decir tras celebrar el Día Internacional de la Mujer es que mucho ha cambiado y poco ha cambiado. Aunque hayamos alcanzado tantos lugares en los espacios de ciudadanía y poder, aun son escasos los números de una verdadera transformación. Representando a más del 44% de la mano de obra formal del país, seguimos ganando menos y ocupando menos puestos de mando. Igualmente, el 90,6% de las mujeres siguen haciendo los trabajos domésticos. Aunque seamos las más escolarizadas (el 52,2% de acuerdo con el IBGE), seguimos sirviendo de ejemplo para las menos inteligentes, las menos hábiles, las más incapaces. Y en su cara más cruel, los asesinatos de mujeres en Brasil siguen aumentando: 4.473 fueron asesinadas en 2017.

Tal vez sea el momento de preguntarnos por qué tanta crueldad, prejuicio, diferencia con lo que se refiere a la existencia de las personas que son responsables por la creación de la vida. A lo largo de la Historia encontraremos miles de ejemplos de valentía, resistencia e inteligencia de la mujer. Igualmente, miles de historias de rechazo, maltrato, crueldad y negación de un sistema de injusticia contra ella. Desde la Edad Media, hasta los días de hoy, desde las hogueras hasta los calabozos de las dictaduras.

Si podemos recordar un ejemplo de mujeres de valor no se callan es de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. “Las locas de Plaza de Mayo”, como las llamaban. Si se hubieran callado, hoy no habrían encontrado a 127 nietos desaparecidos, secuestrados. Y siguen luchando aún.

Obviamente, no vamos a proponer una dicotomía de las relaciones humanas y rechazar la fuerza masculina. Hay muchos hombres de gran dignidad que evolucionaron en relación a una cultura machista e de exclusión. Sin embargo, todo esto nos lleva a preguntar por qué en casi dos décadas del nuevo milenio seguimos obligados a tratar de los mismos temas. ¿En qué lugar se encuentra el mando de ese mundo que no es capaz de redimirse ni integrase aceptando a su naturaleza primordial? Otras preguntas podemos hacernos a nosotras mismas: ¿a cuántas mujeres has ayudado a valorar como mujer que también eres y a cuantas has juzgado por los patrones del machismo?

Os dejo una canción, un Tango para las Madres, y deseo que, si somos locas por ir en contra a este mundo de injusticias, lo seamos cada vez más.

Tango de las Madres Locas (Carlos Cano)
Todos los jueves del año a las once la mañana,
junto a la plaza de mayo, con lluvia frío o calor,
te esperaré vida mía frente a la Casa Rosada,
la espina de tu mirada clavada en mi corazón.
Me dicen que no te fuiste,
mi bien, que te desaparecieron,
que te vieron en ¡a cuneta,
cantando el «Yira» de Carlos Gardel,
que de pronto te esfumaste,
que te borraron del mapa,
que ni siquiera naciste,
que medio loca mamá te inventó.
Con Malvinas o sin Malvinas
grito tu nombre por las esquinas
mientras que los generales
se dan al tango por los portales.
Tango de las madres locas.
Coplas de amor y silencio.
Con vida se los llevaron y con vida los queremos.
Con Malvinas o sin Malvinas.
¿Dónde está Pedro? ¿Dónde está Lydia?
Con Malvinas o sin Malvinas
grito tu nombre por las esquinas.
Cada vez que dicen: patria,
pienso en el pueblo y me pongo a temblar
en las miserias que vienen
y en los fantasmas de la soledad.
Petronila, ¿qué te hicieron?
¡qué mala cara tenéis!
––La que me dejó Videla -––A mí Galtieri, ya ves.