Cuando hoy me senté frente al ordenador con el propósito de escribir para el blog no sabía de qué hablar. Se supone que el autor debe tener una intención clara con su texto (informar, criticar, desahogarse, convencer…) y que esta debe estar previamente determinada. Es lo primero que les digo a los alumnos cuando intento explicarles cómo analizar un texto: antes de nada, hay descubrir la intención del autor, el porqué del texto, o sea, el tema (que no hay que confundir con el contenido, con el argumento, con el asunto). Pero hoy yo no tenía tema.

Entonces recordé un magnífico soneto del siglo XVII del poeta español Lope de Vega, en el que cuenta, justamente, el “aprieto” en el que se ve en el momento de escribir un poema que le encargan y encontrarse sin saber de qué escribir. Y se salva recurriendo a la propia estructura del poema: el soneto está compuesto por dos cuartetos y dos tercetos de versos de once sílabas, normalmente con rima consonante ABBA en los cuartetos (es decir, riman el primer verso con el cuarto y el segundo con el tercero). Y dice así:

Un soneto me manda hacer Violante

que en mi vida me he visto en tanto aprieto;

catorce versos dicen que es soneto,

burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante

y estoy a la mitad de otro cuarteto;

mas si me veo en el primer terceto

no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,

y parece que entré con pie derecho

pues con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho

que voy los trece versos acabando;

contad si son catorce, y está hecho.

Por mi parte, habiendo llegado a este punto, hago lo mismo que Lope de Vega. Me pongo a contar palabras y … ¡veo con regocijo que ya llevo escrito más de la mitad del texto!

Cuando mis alumnos me dicen que les cuesta mucho escribir un texto argumentativo, por ejemplo, porque se agobian solo de pensar que tienen que escribir 250 palabras, o diez páginas, cuando ni siquiera saben cómo empezar, siempre les digo que piensen en la estructura. Y que, a partir de ahí, simplemente comiencen a escribir. Está comprobado que las primeras palabras que escribimos llaman a otras, y estas a otras más. Y cuando nos queremos dar cuenta ya vamos casi acabando, como muy bien demuestra Lope de Vega con su genial soneto.

Aunque lo más destacable hoy en día del poema a Violante tal vez sea la muestra perfecta de modernidad, o más bien de postmodernidad, que significa convertir la propia reflexión sobre el acto de escribir en el tema de un texto literario.