Una de las dificultades más corrientes para los que trabajan con la enseñanza de idiomas, ya sea el materno o una lengua extranjera, se basa en dos procesos distintos inherentes al análisis de una determinada información. De hecho, cuando tomamos contacto con algún contenido, la captación del significado completo del mensaje transmitido corresponde a la comprensión en sí misma. O sea, a partir de los elementos presentes en lo informado, el “lector/receptor” deberá ser capaz de dar cuenta de lo que allí se encuentra declarado, sin alejarse o establecer juicios acerca de lo leído. Comprender significa abarcar tan solo el texto. Como estrategias frecuentes para el desarrollo de la comprensión lectora se realizan a partir del examen del texto, entendido aquí como un todo significativo y que puede ser verbal o no verbal, actividades como responder a cuestionarios, producir de resúmenes sobre  lo leído, elaborar títulos para el texto o para sus partes, completar historias, obedecer órdenes presentadas por escrito, identificar nombres o frases relacionados con un dibujo u ordenar párrafos de una misma historia, por ejemplo.

Por otra parte, la interpretación supone el análisis de los datos presentados para asignarles un significado. Es un proceso más amplio que engloba la conexión entre la información presentada en el texto e informaciones externas, pertenecientes al horizonte cultural del productor y/o del receptor del contenido manifiesto. No siempre esas nociones se muestran de forma evidente. Por ello mismo, la capacidad de interpretar necesita ejercicio constante en lo que toca al establecimiento de enlaces entre lo afirmado y lo que se sabe o se supone previamente al texto. Interpretar presenta estrecha relación con la capacidad de formular hipótesis sobre la información y espacio para comprobarlas en solitario o en conjunto.

Considerando esos aspectos, el trabajo con la información en clase no debe prescindir de actividades específicas que contemplen la comprensión y la interpretación como etapas complementarias a la construcción del sentido para el mundo presentado a los alumnos. Hay que comprobar verdaderamente que hubo comprensión de algo antes de seguir a la ampliación de esas ideas, a la relación con otros contextos o a su evaluación por parte de los alumnos. Así, atención: comprender es una etapa previa a la de interpretar.