Habrán visto el video de “Un argentino en Canadá” (qué linda la nieve… qué lindo el ciervo… hasta que llegó la motoniveladora).

San Carlos de Bariloche es un hermoso pueblo que queda al Sur de Argentina, rodeado de lagos y cerros. En invierno las montañas se cubren de nieve y en primavera las calles se cubren de flores. Las Galerías de Calle Mitre (la calle central) son fascinantes con sus aderezos andinos. Los barrios esparcidos a lo largo de los cerros, a orillas de los lagos, son encantadores con sus cabañas entre pinos y senderos.

Si te vas de paseo, el guía te busca en el hotel, te lleva a jugar en la nieve, te sube al teleférico y te devuelve al hotel después de la excursión. En el hotel “alguien” se ocupó de conectar la calefacción, y llegas a tu habitación calentita y ordenada.

Ya basta de adjetivos…

Segunda parte

Te vas a vivir a Bariloche, por algún motivo. Alquilas un “bulín” (cabaña o similar). Te instalas, admiras el paisaje, y al día siguiente te levantas y quieres lavarte. No sale agua en la canilla (grifo) del baño. ¿Qué es esto? El agua se congeló en la tubería. Cuando caliente el sol… (Perdón, esta es de otro lugar.)

Al rato, corre un hilo de agua y decides lavar unas prendas. Las cuelgas en un “piolín” (tendedero improvisado).

Vamos a trabajar. El auto (coche) no arranca. ¿Estará sin batería? No. Se congeló. Hay que calentar una pava (tetera) con agua y echarla sobre el parabrisas. Listo.

Llegamos al trabajo de noche. En Bariloche, en invierno, a las 8 de la mañana es de noche.

Tras trabajar todo el día, vuelves a casa y… !no se te ocurra recoger la ropa tendida! Está congelada y se resquebraja por completo.

Entras a tu chalecito, enciendes la calefacción, una hora después podrás bañarte, y mientras tanto te pones a freír unos huevos, que llegan como helados de la cocina a la mesa.

En breve contaré la historia del pino de 50 metros que el viento se llevó y rompió el tejado del chalé.

Pero el pueblo es divino. Volveré un día.

Eugenia Flavian