Cuando empecé a leer sobre enseñanza híbrida me preguntaba: ¿cómo voy a trabajar así si mis alumnos están en el nivel inicial de lengua? ¿Estarán seguros para caminar solos? Lo que pasaba era que siempre leía ejemplos sobre clases de Matemáticas o Ciencias, nunca sobre lengua extranjera.

Llegó la hora de probar con mi grupo de adolescentes. Los chicos habían visto un poco de vocabulario relacionado a la descripción física y quería que aprendieran a hablar sobre su familia.

Elegí trabajar con rotación por estaciones, imaginando que podría utilizar mitad del tiempo de nuestra clase que dura 90 minutos.

Repartí la sala en tres equipos: a uno les puse en las computadoras, para que escucharan la canción Desapariciones, del panameño Rubén Blades, pero grabada por Maná, el conjunto mexicano (disponible en https://www.youtube.com/watch?v=q-s9IK8zA70). Les di la letra, con huecos en lugar de las palabras relacionadas al parentesco, seguida de algunas preguntas que los acercarían a la cuestión central de la música. Además, les pedí que, tras completar la letra, buscaran la grabación hecha por el propio autor (https://www.youtube.com/watch?v=wGl-fQxMY9E) y leyeran, en Youtube, los comentarios que aparecían allí para entender de qué trataba. También tenían que comparar los acentos en las dos grabaciones.

El otro equipo recibió, en una hoja, un fragmento de texto en que un personaje presentaba a un miembro de su familia. Allí aparecían los posesivos y algunas preguntas sobre ese punto gramatical que todavía no habían estudiado. Tendrían que buscar en su libro cómo contestarlas y resolver algunos ejercicios.

El tercer equipo recibió la tarea de describir una imagen en la cual aparecía una familia ficticia conocida, sacada de un dibujo animado. Para ayudar en esta actividad, se les facilité algunos carteles con vocabulario de ropa (de esos que acompañan algunos libros didácticos), un resumen del vocabulario de características físicas y un diccionario pictográfico para niños que les encantó.

Me imaginaba que no iban a estar más que 5 minutos pendientes de cada tarea y que tendría que estar pidiéndoles atención. Todo lo contrario. El tiempo pasó sin que se dieran cuenta y los 45 minutos iniciales se convirtieron en 60.

Cada una de las estaciones traía a los estudiantes un desafío nuevo, pero los remitía a algo que ya habían visto. Y, al pasar de una a otra, encontraban relación entre los contenidos.

Casi no nos sobró tiempo para evaluar las actividades. Al final, al preguntarles qué les pareció, no se creían que la clase había pasado tan rápido.

En Internet se encuentra variado material sobre el tema (la Fundação Lemann y el Instituto Península tienen un excelente curso en línea sobre Enseñanza Híbrida), en que puedes profundizarte en el tema.

Lo más importante, siempre, es seguir buscando nuevas maneras de innovar.