I – El traductor no es traidor

Transcribo aquí algunas experiencias personales para ayudar – más o menos, digamos-  a quienes piensan ser traductores.

Yo soy traductora jurada. Traductor jurado es el que traduce documentos públicos. Certificados, actas, contratos, poderes, sentencias, diplomas…

El traductor jurado no puede ser traidor, tiene que ser absolutamente fiel al original, pero en verdad es un fisgón, aunque involuntario.

Atiendo por teléfono o por e-mail a una persona a la que nunca he visto en mi vida y en seguida me entero: dónde nació, cuántos años tiene, con quién se casó, feliz y contento en tal fecha, y tres párrafos más adelante me doy cuenta de que ya se divorció. Luego viene la sentencia de divorcio, con el reparto de los bienes de la pareja, la tutela de los hijos y la pensión. Mientras tanto, el padre de la persona ha muerto y viene el acta de defunción. ¡Una novela!

Pero no todo es triste. Me entero también que la persona estudió y se graduó, y obtuvo la calificación 5 en casi todas las disciplinas. ¡Un genio!

El traductor jurado no tiene descanso y tampoco memoria de elefante.

Domingo de Carnaval, 11 de la noche, suena el teléfono.

– ¿Señora Eugenia? ¡Soy Cristian!

– ¿Cristian?

– Hablé con Ud. el año pasado. ¿Se acuerda?

– Esteeee…

– Ahora estoy en Australia y volveré a Brasil el mes entrante. Necesito traducir mis diplomas. Se los voy a mandar por Correo y Ud. envía las traducciones a mi tía en Fortaleza, ¿de acuerdo?

Ahora bien, el colmo del fisgoneo es el que concierne a las parejas románticas.

De pronto, aparece un extranjero en Brasil. En un mes, se enamora de una hermosa brasileña y quiere casarse. Pero solo le queda una semana, porque su visa (de turista) expira, y debe traducir sus documentos para fijar la boda en la Notaría.

El traductor jurado no es traidor y mucho menos delator: no le va a decir al Juez que con ese casamiento el tipo solo busca obtener la permanencia en el país…

Y así, de chisme en chisme, el traductor jurado va compilando libros y más libros de historias.

Lo bueno es que a cada libro de traducciones concluido, el traductor jurado se olvida de todas las historias… hasta la próxima partida de nacimiento…