Historias del traductor jurado

Sigo contando experiencias personales y no es para desestimular a quienes quieran ser traductores. ¡Se lo juro! Pero para que les sirva de alerta…

Al ejercer su oficio el traductor vive varios personajes. Veamos algunos.

1.El traductor amable

Suena el teléfono:

  • Hola, ¿Ud. es traductora?
  • Sí, ¿en qué puedo servirle?
  • Pues, quisiera saber cuál es el procedimiento para traducir unos documentos…

Amablemente se le explica todo el procedimiento: enviar los documentos, traducirlos, registrar las traducciones en libros numerados, etc.

  • ¿Y hay que pagar?

2.El traductor incauto

  • Hola, necesito que me haga la traducción de una página. ¿Cuánto cuesta?
  • ¿Una sola página? Pues sale tanto.

Luego resulta que es una página de un periódico, impresa en tamaño 8…

3.El traductor desocupado

  • Hola, mi hijo se va a casar en el extranjero y necesita traducir su Partida de Nacimiento. Necesito la traducción para mañana porque él viaja pasado mañana. Ya tiene el pasaje y todo…

4.El traductor desocupado II

  • Buenas tardes. Aquí está mi Diploma y mi Historial Académico para que me haga la traducción.
  • ¡Sí, con mucho gusto!
  • Bueno, entonces voy a esperar. ¿Tarda mucho?

5.El traductor músico

  • Este documento tiene varias líneas repetidas. ¿No me las descuenta?
  • Si Ud. asiste a un concierto de Beethoven, con varias frases repetidas, ¿se las descuentan del valor del ingreso?

6.El traductor Sherlock

Te mandan un Certificado de Matrimonio de 1914. Manuscrito, roto y borrado. Se ve que el nombre del marido empieza con J y el de la mujer con A. Y que se casaron el 7 de J de 1914. Y que los testigos fueron F y C. ¡Elemental, caro Watson!

  • Pero Ud. es traductora, ¿no?

Por lo general, esos “pequeños inconvenientes” se aclaran a lo largo de 6-8 mensajes del y al interesado, en los que se le explica, con paciencia, que la traducción jurada se paga, como cualquier prestación de servicios (punto 1). Que se cuenta por caracteres, no por páginas, justamente por lo que ocurre en el punto 2. Que el traductor tiene otros encargos, todos urgentes, y que será imposible atender al cliente en el plazo propuesto en los puntos 3 y 4 (incluso porque si la traducción se destina al extranjero hace falta cumplir otros trámites oficiales). En el punto 5 hay que ejercitar un poderoso autocontrol. Ahora bien, la lupa o el zoom no ayudan en absoluto en el punto 6. No nos queda más que desistir.

 

Eugenia Flavian