Cuando pensamos en una actividad placentera y que nos traiga la satisfacción plena, pensamos en un taller de culinaria, sabemos que no es lo mismo seguir una receta que cocinar poner la creatividad como herramienta. Por eso, los talleres son totalmente participativos, y en ellos los alumnos pelan, cortan, tocan, huelen y cocinan con la ayuda y dirección de un profesor.

El taller consiste en dar autonomía al estudiante, que tendrá todo el manantial lingüístico y práctico, manoseando texturas y sabores de una manera lúdica y concreta. Desde los ingredientes a los delantales, todo está preparado para que durante cincuenta minutos de clase, centremos toda nuestra atención en la gastronomía, costumbre, historia, comida, ingredientes, técnicas y vocabulario, de forma relajada e informal, acompañados de una buena música latina y una suave curiosidad por el resultado.

Después de preparar la comida, la gran recompensa: degustar todos los platos y compartir conocimientos, olores y  sabores alrededor de una mesa, y conocer de una forma especial y única la mejor manera para guardar el conocimiento. Sintetizando todo aquello que fue estudiado en el capítulo de comidas visto en sala.

Podríamos darles varias sugerencias de platos que funcionan con los talleres, pero les voy a recomendar dos: guacamole tradicional  y sangría tradicional de zumo de uva, claro que con todo el aparato necesario para que tengamos practicidad en toda la conducción del taller, pues siempre tendremos que atraer la atención de nuestros alumnos, a través de la identificación de él con la actividad propuesta, Por ello, es un espacio para disfrutar en compañía y donde intercambiar opiniones, consejos y dudas relacionadas con los estudios en sala.

Puedo decirles que con veinte años de experiencia en aula, ese taller fue uno de los más productivos y participativos de todos, desde los alumnos hasta los de la directiva del colegio, teniendo como resultado la mejor traducción de lo que es aprendizaje en su concepto más amplio. Todavía debemos resaltar también el “feedback” de los padres y madres, alagados en un inmenso júbilo por ver su hijo cocinar de una manera sencilla y divertida, disfrutando en comunidad el placer de un gourmet que se deleita haciendo sus platos.