Discutir y reflexionar sobre la inclusión social en la formación educativa sigue siendo imprescindible, pues aún se imponen muchos desafíos. Por una parte, es irrefutable que todas las personas deben tener los mismos derechos y las mismas oportunidades en los diferentes ámbitos de la sociedad, independientemente de sus condiciones físicas, su apariencia y su situación económica; por otra, persisten las dificultades de implementar medidas que garanticen efectivamente la igualdad.

Como profesores, debemos contribuir a la inclusión social en el ambiente escolar, facilitando la discusión sobre la diversidad y fomentando el respeto a la diferencia, porque es necesario educar para incluir, es necesario profundizar en temas relacionados con la diversidad para que se pueda combatir los prejuicios y deshacer muchas ideas que se sostienen en el sentido común, sin ninguna criticidad.

Enseñar/aprender una lengua extranjera, ya lo sabemos, no se circunscribe a los conocimientos estrictamente lingüísticos, así como el desarrollo de las competencias escritas y orales no se ciñen a un proceso de codificación y descodificación. Hace mucho se remarca que la enseñanza/aprendizaje de otro idioma abre la puerta a otros mundos, a otros modos de ser y de actuar. Sin embargo, si es importante ir más allá de las fronteras geográficas y culturales, es indispensable hacer el movimiento a la inversa.

En otras palabras, el otro es también el compañero de clase, el vecino o cualquiera que camine por la calle. Por eso, el tema de la diversidad puede dar cabida a la reflexión sobre inclusión: incluir a los que nos rodean debería ser el primer paso para convivir con la heterogeneidad. Un mundo sin fronteras, que el conocimiento de una lengua extranjera ayuda a construir, debería reflejar nuestros pequeños mundos, sin vallas concretas o imaginarias, sin exclusión.