Llegamos al fin de 2015 y parece que tantas cosas sucedieron y que no hemos podido discutir todo lo que haría falta. Sin embargo, a lo largo de los artículos en este blog, hablamos intensamente de cuestiones de enseñanza y aprendizaje del español preocupándonos en mostrar aquellos puntos que son, hoy por hoy, cada vez más urgentes. Hemos discutido lo necesario que es entender los saberes como integrados, la cultura como parte de las clases de lengua, la interculturalidad, la alteridad, la ciudadanía y el respeto al otro como elementales para la constitución de los individuos. Hemos mostrado posibilidades de trabajo por medio del Cine, las Artes, la Literatura. Hemos tratado de cuestiones que siguen suscitando polémica y que se plantean como retos a nuestra sociedad, aún en el siglo XXI, como el respeto y la no violencia a la mujer.

Frente a tantos temas, nos damos cuenta de que el profesor de lenguas es, o debería ser, el articulador de diferentes saberes, puesto que la enseñanza de idiomas se plantea llena de posibilidades para una labor que acerca culturas, abre miradas hacia paisajes diversos, motiva y busca la reflexión. No podemos creer que la enseñanza de lengua se resuma a enseñarle al alumno un par de reglas gramaticales ni a mostrarle tres fiestas típicas de un país donde se hable el español. Tenemos un papel de formadores también de la ciudadanía de esos alumnos que respetarán a la diversidad, discutirán críticamente su realidad a la luz de una comprensión global, lucharán por la transformación tras una vivencia significativa dentro de las clases que le permitan ejercer dichas actividades y reflexiones. Debemos entender que hoy esto no se trata de un plan futuro, una utopía, sino más bien de una demanda.

Diciembre ha llegado con innúmeros acontecimientos en el Estado de São Paulo que echan luz a lo que puede ser un cambio en el paradigma del sistema escolar. El “yo enseño, tú aprendes” que muchos profesores aún practican, a lo mejor deba ser sustituido de una vez por el “todos aprendemos los unos con los otros colaborativamente”. Los alumnos redescubren el espacio escolar y, afortunadamente, se apropian de él de manera significativa. Nuestros alumnos merecen, por fin, saber adónde van a llegar y nos toca a nosotros luchar para que sea lo más lejos posible. La escuela debe ser espacio de todos, de pensar, construir, reflexionar, criticar. Menos que esto la convierte en espacio muerto, vacío, de repetición mecánica.

Con esa esperanza, deseamos que 2016 sea un año en el que encontremos más fuerza y unión. Que podamos renovarnos y creer en nuestro trabajo educativo de manera consciente, profundamente involucrados con la transformación y la mejoría de nuestra sociedad.

¡Felices fiestas y hasta pronto!