Muchas escuelas hoy día se preocupan por insertarse en el contexto digital y creen que, para ello, necesitan equipar el colegio con una infinidad de aparatos electrónicos que muchas veces sirven tan solo como reclamo para los padres que van a inscribir sus hijos ahí.

La verdad es que para incluirnos en el escenario digital no hace falta estar a lo último de la moda tecnológica. Es necesario saber usar herramientas sencillas que, de hecho, contribuyen para el proceso de aprendizaje del alumno. A fin de cuentas, ser digital es saber aplicar la tecnología en la resolución de los más variados problemas. No significa ser hábil tecnológicamente.

El individuo que tiene habilidades digitales es capaz de comunicarse con maestría usando las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación), sabe buscar información – bien como producirla y difundirla –, es creativo, flexible y autónomo. Y el hecho de que ese individuo sea un nativo digital no presupone que haga todo eso con maestría ya que, cuando se trata del uso de los soportes digitales es necesario, además del manejo tecnológico, el juicio crítico y el uso inteligente y eficaz de los recursos disponibles.

La unión del saber (conocimiento) con el saber hacer (habilidades) es el desafío en el uso, de forma responsable, de los recursos digitales con fines didácticos. Pero ¿cuáles son esos recursos? Pues bien, posee habilidad digital el individuo que sabe: usar herramientas para guardar y compartir archivos y documentos; manejar editores de texto, de imagen, de audio y de vídeo; acceder a Internet para hacer búsquedas eficientes e inteligentes; publicar trabajos colaborativos en blogs y wikis; crear presentaciones digitales;  usar plantillas de cálculo, entre otros.

Claro está que se espera que el individuo sepa usar con seguridad las herramientas online y que entienda y respete los derechos de autor de manera a evitar plagios, a fin de cuentas, el alumno debe aprender a ser autor de sus propias producciones de forma auténtica y original. En cuanto al profesor, se espera que sepa interactuar con tales herramientas de manera a ser el mediador del proceso de ese nuevo “aprender autoral” que se espera del alumno del siglo XXI.