Estimado(a) lector(a), empiezo este texto invitándolo(a) a reflexionar sobre la siguiente situación: tienes que diseñar un curso de español de 60h, nivel inicial, dirigido a estudiantes que quieren aprender la lengua para viajar. ¿Qué contenidos les enseñarías? La respuesta a esa cuestión puede formularse de distintas maneras, por ejemplo: un listado de funciones comunicativas – pedir informaciones,  preguntar por el precio, describir un objeto; de vocabulario – prendas de vestir, frutas, colores, días de la semana; de situaciones – reservar una habitación, ir de compras, salir a cenar; de temas generales – diversidad del mundo hispánico, turismo, interculturalidad.

Hay aun la opción de elegir temas gramaticales, tales como artículos, pronombres personales, verbos en presente, etc. Sin embargo, actualmente, tal vez pocos profesores lo hagan explícitamente, pues a partir del enfoque comunicativo se ha puesto de relieve la necesidad de enseñar a comunicarse (y no a conjugar verbos, por ejemplo) y la gramática se trasladó del living al trastero, es decir, del lugar de destaque en las unidades a los apéndices al final de los libros. Para comprobarlo, basta con comparar manuales didácticos publicados antes y después de 1980.

De todos modos, aunque las funciones comunicativas o las situaciones sean el punto de partida para planificar un curso, probablemente se notará que la gramática está subyacente a la secuencia de contenidos. De ahí que, en las primeras clases no se enseñen las funciones “expresar gustos” o “emitir opiniones”, sino “saludar” o “presentarse”. Hay una supuesta jerarquía de categorías gramaticales que determina un orden canónico aun cuando el hilo conductor de la planificación parece ser otro. Por lo tanto, no se considera, ni remotamente, la posibilidad de focalizar los tiempos del pasado antes del presente de indicativo o el verbo “gustar” antes de “ser” o “estar”. Sin embargo, lo que más hacemos en las conversaciones cotidianas es contar algo que nos ha pasado, comentar un hecho, hablar de nuestros gustos y disgustos.

Así que, estimado(a) lector(a), vuelvo a preguntarte: ¿qué contenidos les enseñarías a unos estudiantes de nivel inicial que quieren aprender español para viajar?