El clásico libro de Francisco Moreno Fernández “Qué español enseñar” puso en discusión con mucha clareza (aunque no con exención de críticas) la pregunta de qué español debe enseñarse si se sabe que el español es una lengua muy variada, aunque comparta gran parte de su estructura básica. Moreno Fernández nos ofrece tres posibilidades: 1. el español de mi tierra (el que aprendió el profesor); 2. el español de Disneylandia (lo que sería el llamado “español neutro”); 3. el español de Almodóvar (el español de España). Las tres opciones tienen ventajas y desventajas y, posteriormente, Tito Drago propone una cuarta opción que va plasmada en el título de su artículo: “diversidad y sin español neutro”. Esa propuesta es muy interesante porque evita los borrados históricos, prejuicios y exclusiones que cualesquier posibilidades ofrecidas por Moreno Fernández conllevan dado que busca incorporar a la enseñanza de español la riqueza y la diversidad de la lengua sin exclusiones. Por supuesto, es más costoso para el profesor porque requiere de él más información y formación lingüística para llevar a la clase la diversidad del idioma. Pero esa es nuestra labor, ¿no?

Hoy quisiera hablar más precisamente de otro tema, que es “¿qué español hablar?”, especialmente en el caso de Brasil. El profesorado de español en Brasil está formado por profesores de diversos orígenes: hay españoles, hay peruanos, hay mexicanos, hay cubanos, hay argentino, hay colombianos, hay… y hay brasileños (que tienen una formación lingüística muy diversa igualmente: están los que jamás han podido viajar a un país; están los que aprendieron español con profesores de diversos orígenes; están los que aprendieron español en un solo país porque vivieron allí o tienen contacto con personas de ese lugar; están los que han estados en varios países, solo para mencionar algunas situaciones posibles…).

He escuchado muchas veces y en muchas ocasiones, cuando se habla de qué español hablar: “el alumno puede hablar el español que quiera desde que no mezcle las variedades” o “el alumno tiene que elegir una variedad y seguir con ella”. Bueno… podemos concluir que, teniendo profesores de tan variada procedencia y formación, “elegir una variedad y seguir con ella” es algo imposible para el aprendiz brasileño antes de que viva en un país hispanohablante.

Traigo mi caso personal como hablante nativo de portugués brasileño: nací en Río de Janeiro y vine a vivir a Salvador con 9 años. Con 23 años me fui a Campinas y estuve 1 año en Barcelona. Viví casi 2 años en Aracaju. En Salvador me dicen que soy carioca. En Río me dicen que soy baiano. Ya me dijeron que hablo como paulista/paulistano. Si en mi propia lengua puedo mezclar diversas variedades porque he vivido en varios lugares y he estado en contacto con muchas variedades, ¿por qué tengo que elegir una variedad en el caso del español, si tengo contacto igualmente con muchas variedades? La respuesta es una: hay gente que quiere ser más realista que el rey.

Para la pregunta “¿qué español hablar?”, si estamos hablando del contexto brasileño, la respuesta es “hablar español” si clasificación.