libro Del lat. liber, libri.

  1. m. Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen. 2. m. Obra científica, literaria o de cualquier otra índole con extensión suficiente para formar volumen, que puede aparecer impresa o en otro soporte. 3. m. Cada una de ciertas partes principales en que suelen dividirse las obras científicas o literarias, y los códigos y leyes de gran extensión. […]

Disponible en <http://dle.rae.es/?id=NG3ktc6>. Acceso el 4 noviembre 2018.

Más allá del diccionario y de la forma física de este producto de la industria editorial, para ti, ¿qué es un libro?

¿Un viaje? ¿Una puerta hacia otros mundos? ¿Un entretenimiento? ¿Un arma ideológica? ¿Una bandera? ¿Un escudo?

Para mí, es un artefacto, un producto artesanal hecho por manos y mentes cuidadosas que aportan al libro más que palabras e ideas; nos brindan una visión de mundo, una forma de retratar —y trascender— las alegrías y las penas comunes a toda la humanidad.

Un libro te engancha por la identificación con el tema, por la verosimilitud, o todo lo contrario:  por su potencialidad de llevarte lejos de la realidad que te resulta molesta.

¿Cómo puede una medicina curar todos los males, por opuestos que sean? Así es el libro. Te enseña la realidad o te aleja de ella; lo que tú quieras. Tú eliges qué efecto te causará y te dejas llevar… Puede que te sorprenda y te conduzca a otros caminos que no sean los inicialmente deseados.

Puedes enamorarte sin traicionar a tu pareja. Puedes odiar sin culpa o vergüenza de confesarlo. Puedes ignorarlo sin más. Puedes todo. El libro no te obliga a nada y, al final, te permite todo. Una relación abierta, por decirlo en términos modernos.

Puedes usarlo y tirarlo (en ese caso, dónamelo, porfi). Puedes guardarlo como un bien heredado. Puedes olvidarlo tras un sillón y, años después, volver a sentir lo que un día te provocó tan solo de mirar su portada.

Los libros, como las personas, dejan huellas, los identificamos con un periodo de nuestra vida, con una versión de nosotros. Hay, incluso, quien los guarde por orden de lectura o por año; otros —como yo—, por grados afectivos; otros irán al impersonal orden alfabético de apellidos de autores o por temas. Da igual si al final no es en tu estantería donde los guardas, sino en tu alma.

Hojas, páginas impresas, palabras y más palabras. Así de sencillo, nada tecnológico (sí que están los digitales, pero no huelen igual). Y con eso basta para hacernos más ilusiones de las que podemos vivir en toda una existencia.

En cada historia, una posible nueva identidad. Real o fantasiosa, heroica o mundana. Una vida paralela, una vivencia sin límites, una experiencia sin riesgos.

Se podría escribir un libro sobre la infinidad de formas de definir y sentir un libro.04

Y para ti, ¿qué es un libro?

Para mí, es otra forma de ser. De ser libre.