El tema de este post, que reanuda los planteamientos del anterior, se refiere a la planificación lingüística y a la enseñanza de lenguas. De este modo, ¿qué se entiende por planificación lingüística? ¿Son equivalentes los términos política y planificación lingüística?

Es conveniente observar que política lingüística y planificación lingüística son términos que no pocas veces se confunden y que se suelen emplear, en ocasiones, como sinónimos. La política lingüística alude al conjunto de ideas, leyes, regulaciones y prácticas dirigidas a cambiar determinados comportamientos lingüísticos de una sociedad o grupo, mientras que la planificación lingüística (PL) consiste en un conjunto de decisiones adoptadas por determinada autoridad para lograr tales resultados. Esta puede seguir dos formas de intervención: in vivo o in vitro. La primera apunta a las intervenciones que se definen por medio de las prácticas sociales en las que se resuelven los problemas de contacto lingüístico y de comunicación. En cambio, la segunda trata de aquellas actuaciones que se cumplen mediante la ley, decretos, acción programada del Estado, entre otras formas institucionales de intervención.

Además, la PL puede orientarse por objetivos diversos, entre los cuales se pueden mencionar los siguientes: la “purificación” lingüística, la revitalización lingüística, la reforma lingüística, la estandarización lingüística, la propagación lingüística, la simplificación estilística de la lengua, el mantenimiento lingüístico o la estandarización de códigos auxiliares.

De acuerdo con Covarrubias (1983), la PL se fundamenta en la toma de decisiones sobre los comportamientos lingüísticos y no se trata de una acción sin un fondo ideológico, es decir, se basa en una ideología lingüística. Según dicho autor, esta puede adoptar orientaciones distintas como, por ejemplo, la de la asimilación lingüística, la del pluralismo lingüístico, la de la vernacularización, e incluso, la internacionalización. De este modo, interesa comprender en qué consisten dichas orientaciones bien como sus repercusiones en términos lingüísticos y, por consiguiente, en el aprendizaje y enseñanza de lenguas.

Así, si esta PL se sitúa bajo una perspectiva ideológica como pueda ser la de la asimilación, considerando fundamental el aprendizaje de la lengua dominante, lengua esta que se entiende que debe imponerse en la sociedad, se deduce que habrá implicaciones en cuanto a los sujetos que no compartan dicha lengua dominante. Tal hecho puede ocasionar y/o derivar diversos conflictos, principalmente, en lo que se refiere a la exclusión de las identidades lingüísticas y a la imposición de una homogeneización lingüística que desconsidere la diferencia. La orientación del pluralismo lingüístico reconoce y apoya las múltiples lenguas coexistentes en la sociedad. Ya la vernacularización propone la restauración y el desarrollo de la lengua autóctona bien como su implantación por parte del Estado como lengua oficial. Mientras la internacionalización plantea la adopción de una lengua autóctona de amplio uso como lengua oficial en determinados ámbitos.

En definitiva, conviene mencionar que la educación y, en concreto, las políticas educativas pueden contribuir a la afirmación de dichas orientaciones y, asimismo, afiliarse a sus ideologías: de ahí, por tanto, la relevancia de tener claro en qué consisten esas orientaciones y sus presupuestos ideológicos.

 

Referencias

Covarrubias, J. and J. A. Fishman. Progress in language planning: international perspectives. The Hague: Mouton de Gruyter, 1983.