Nueve meses después, retomo aquí el tema del aprendizaje bilingüe. Con un poco menos de dos años, mi nieta continúa recibiendo consignas en portugués por parte de todos los que conviven con ella y en español por mi parte, en franca minoría.

Hasta este momento el bilingüismo se limita a la comprensión que, sí, es indistinta y perfecta en los dos idiomas. Pero, para quien enseña y trabaja con una lengua, la siguiente preocupación es la producción. Pues hasta ahora, nada en español y toda –en media lengua– es en portugués. A esta altura, empecé a preocuparme: ¿No va a dirigirse a mí en español siguiendo el código del imput dado? ¿Va a ser bilingüe solo en la destreza auditiva?

Pues el paso siguiente se dio en forma sorprendente y por una palabra que me dejó con la pulga atrás de la oreja: frente a algo que no quiere de ninguna manera, Sofía profiere terminante: “¡Oh, no, no, no, no!”. Inmediatamente, me sobrevino una preocupación: de todo lo que le digo, ¿el “no” predomina tanto que se transformó, repetido, en la única producción a ser imitada? ¡Qué horror! ¡Voy a tener que pasar por un filtro todo lo que le digo para tratar de transmitirle un mensaje más positivo!

La tranquilidad me llegó dos días atrás: mi hija me contó que la nena había empezado a ver unos videos en inglés cuyo personaje tiene una frase que es una constante: “Oh, no, no, no, no”, toda pronunciada en inglés…

¿No estaremos exagerando con un triple input? Honestamente, no sé, pero la explicación, para mí, fue una buena noticia…