A estas alturas, el éxito mundial del jovencísimo cantante colombiano Maluma es incuestionable. Maluma se ha transformado en una entidad incorpórea que nos rodea, que está en todas partes, que flota en el aire de toda la geografía latinoamericana: basta conectar un receptor de radio en cualquier rincón insospechado para hacer audible su omnipresente voz. Maluma brota por los teléfonos, mana de lejanos altavoces verbeneros, se desborda por las ventanillas de coches que pasan. A unos les gusta y a otros no tanto, pero todos tenemos que convivir con Maluma.

El éxito de Maluma, sin embargo, resulta polémico, porque Maluma canta reggaetón, un género musical tan popular como denostado. Una estudiante brasileña que participó en el debate del que voy a hablar ahora lo definió como “el funk latino”, pues el reggaetón se ataca y se defiende con el mismo fervor, y prácticamente con los mismos argumentos, que el funk brasileño. Se ha acusado a las letras del reggaetón, por ejemplo, de transmitir valores muy poco edificantes, y de retratar a la mujer como mero objeto sexual. En su defensa se dice que las críticas al reggaetón son moralistas y clasistas, y que esconden el desprecio por el pueblo y por los gustos populares.

El asunto, en fin, tiene bastante miga, e invita a llevarlo a la clase de español (a partir de un nivel intermedio/B1) prometiendo muy buenos resultados al combinar los temas culturales con el debate de opinión.

Una propuesta de explotación podría ser la siguiente:

En primer lugar, se ve algún videoclip de Maluma y se pregunta a los estudiantes si conocen al cantante, la canción, el género musical, etc. Se establece el puente con el funk brasileño y se introduce el tema del debate. Se divide la clase en dos grandes grupos: por sorteo, uno se posicionará a favor y otro en contra del reggaetón. Cada grupo recibe un texto diferente con argumentos que podrá utilizar en el debate posterior: el grupo a favor leerá el artículo de la colombiana Catalina Ruiz-Navarro (http://www.univision.com/musica/reggaeton/por-que-el-reggaeton-no-es-mas-machista-que-tu) y el grupo contrario al reggaetón leerá el texto de la española Yolanda Domínguez (http://www.huffingtonpost.es/yolanda-dominguez/machista-y-misogino-asi-e_b_13390988.html). Cada grupo dispone de 20 minutos para preparar sus argumentos, aprovechando, o no, los textos facilitados. Por último, se abre el debate, con el profesor como moderador. Al final, los grupos pueden intercambiar los textos de lectura. Si hay tiempo, el análisis de los propios textos puede rendir frutos interesantísimos.

En el debate que hicieron mis estudiantes, una defensora de Maluma afirmó que en sus últimas canciones el colombiano ya no se muestra tan machista: en “Chantaje”, el personaje femenino interpretado por Shakira llega a decir literalmente “En esta relación yo soy la que mando”, y algo parecido ocurre en “Felices los 4”, en la que Maluma renunciaría a la posesión exclusiva de una mujer, algo en principio impensable para una mentalidad machista.

Ahora bien, las cuentas no terminan de cuadrar en “Felices los 4”. Dice la canción: “y si con otro pasas el rato / vamos a ser felices los cuatro”. Detengámonos por un momento a revisar el cómputo: tenemos a la persona que canta (Maluma), a la chica (“tú”), y al segundo amante de esta (el “otro”). La suma de individuos no resulta muy compleja, así que no puede tratarse de un error de cálculo… ¿Quién es entonces la cuarta persona de la que se habla en el estribillo? Leo la letra completa de la canción, no sea que se me haya escapado la referencia… Nada. ¿Quién será la misteriosa cuarta persona de la que nada se dice? ¿Un hombre? ¡Uy, no! ¿La mamá superprotectora de Maluma? ¡Pero qué ideas se te ocurren! Claro que no: el sentido común nos dice que la cuarta persona, tan discreta, silenciosa y aquiescente, es otra joven amante. Una mujer en la sombra, que no cuenta, con la que no hace falta contar, porque se da por descontado que ella ha de estar siempre ahí.

Vaya: parece que la letra se nos complica…

Reconstruyendo el mundo (probablemente ficticio) de la canción, nos encontramos con que el personaje de Maluma mantiene una relación estable con una mujer y una relación complicada con una segunda, que a su vez vive una relación con alguien a quien no quiere abandonar. En definitiva, este “polígono” amoroso no es tan poco convencional como se nos había antojado en un principio, y Maluma ya no nos parece tan liberal y tan poco machista por el hecho de resignarse a compartir con otro su segunda mujer.

A estas conclusiones nos lleva una lectura lenta de la letra.

En el debate, varias personas reconocieron que a menudo tararean canciones sin prestar mucha atención a los mensajes y que tal vez sí que deberían ser más cautelosos con la música que consumen. Esta es una función esencial de la enseñanza de lenguas (portugués, inglés, español): auxiliar a comprender en profundidad los textos que nos rodean. Por mucho que ciertos sectores quieran prohibir que se analicen en clase canciones de amor, resulta evidente que la lectura atenta no viene a “confundir las cabezas de los jóvenes”, sino todo lo contrario: contribuye a esclarecerlas.