Hace poco estuve en Salvador de Bahia. Lindo viaje, linda gente, lindos paisajes. Me encantó. Entre tantas otras atracciones hicimos, mi marido y yo, un paseo al Faro de la Barra.

El micro (bus) y toda la ciudad estaba llena de argentinos, uruguayos, chilenos… se oía español en todas partes. Con mi oreja aguda identificaba las diversas tonadas (dejes).

Bueno, volviendo al paseo: nos acompañó un guía brasileño que hablaba español con fluidez. Primero explicaba en portugués y luego lo traducía todo al español.

Estaba todo muy bien hasta que el susodicho empezó a confundir los artículos y decía “Lo edificio fue construido en…”, “Nos gusta mucho lo fútbol…”, y así sucesivamente.

A veces acertaba: “El jardín delante de la iglesia…” con lo cual quedó claro que conocía ese otro artículo. Pero mis oídos dolían a cada “lo paisaje”.

Mi marido dice que yo no leo, que “hago revisión”… Debido a este vicio, no me faltaron ganas de explicarle la diferencia entre “el” y “lo”, pero me contuve.

Yo estaba de paseo, no de profesora…

¿Habré hecho bien? ¿Qué harías en mi lugar?