El tema de este post tiene que ver con qué se entiende por literacidad crítica y con la finalidad de abordar el tema empiezo por aclarar en qué consiste este aspecto, destacando que se trata de una perspectiva que implica a los sujetos en un proceso constante de reconstrucción y reformulación de los sentidos producidos en la sociedad y en los que se considera crucial la dimensión discursiva. Desde este punto de vista,  se define más como una perspectiva crítica para la educación que se suma a otras como, por ejemplo, la de la interculturalidad crítica. Por ello, esta tiene determinadas raíces filosóficas y educativas que interesa tener presentes, debido a sus implicaciones en la enseñanza.

Así, la literacidad crítica difiere de la lectura crítica, aunque esa última sea importante para la formación de los sujetos, ya que transciende el nivel de competencias y estrategias lectoras y avanza hacia una perspectiva más ampliamente social, política y cultural. Esta se asocia al concepto de crítica de la escuela de Frankfurt que, a partir de los años veinte, propone una revisión de las situaciones sociales por medio de la reflexión acerca de su producción y destacan sobre todo las proposiciones de Horkheimer.

Esos planteamientos, en cierta medida, se trasladan a la educación por Paulo Freire en los años sesenta al valorar la emancipación de los individuos en términos de empoderamiento. Desde tal punto de vista, la idea de “la lectura del mundo” permite que los sujetos intervengan y cambien la realidad a su alrededor y, al hacerlo, “se empoderan”. Posteriormente, se añaden otras áreas de conocimiento entre las que se incluyen los estudios culturales y postcoloniales, así como los movimientos sociales que proponen enfrentar cuestiones complejas de las sociedades como las luchas contra el racismo y las disputas por espacios de representatividad y derechos como es el caso del feminismo. Además de estas aportaciones, se incorporan las propuestas de filósofos postestructuralistas como Foucault y Derrida que tratan, en líneas generales, de cuestiones relacionadas al discurso, a la producción de sentidos y a la producción de verdades, así como añaden una revisión del entendimiento sobre la propia concepción de crítica. Por fin, vienen los aportes de las ciencias del lenguaje, particularmente, del Análisis crítico del discurso, de la Lingüística sistémico funcional, como también de diversos conceptos bajtinianos como los de polifonía y géneros discursivos.

Como es de notar, este breve historial sitúa la literacidad crítica como un complejo movimiento que a lo largo del tiempo viene ampliando su base epistémica, al reunir contribuciones de distintos campos del conocimiento.