Mucho se escribe sobre los motivos que nos llevan a leer este, ese o aquel libro. Pensamos —ingenuos— que somos nosotros quienes determinamos nuestra siguiente lectura, pero no. De un lado, siempre he creído que la historia recreada por los personajes encerrados en un libro nos elige a nosotros y no al revés. De otro, y en caso de sortear esa fuerza atractiva, tendríamos que abstraernos y no sucumbir a las listas de Los 100 libros que tienes que leer antes de morir, así, como el que no quiere la cosa.

¡¡Qué osadía, pardiez!! ¡¡Qué atrevimiento!!

¿Cómo alguien puede tener la intrepidez de destacar 10, 50, 100…   ―cuantos sean― como los mejores libros jamás escritos? ¿Cómo alguien puede tener la osadía de decirnos lo que tenemos o no tenemos que leer antes de morir? Está bien, hagamos un esfuerzo y en un ímprobo acto de credulidad, pongamos en valor la lista de libros que hemos de leer antes de expirar porque realmente son los mejores. Ahora bien, a fuer de ser justos, pongamos en valor otras dos listas recurrentes dentro del mercado comercial con cosas que hemos de llevar a cabo antes de marcharnos al otro barrio; Películas que tenemos que ver y Lugares que hemos de visitar. ¡¡Madre mía, madre mía!! Incluso a un optimista como yo que no tiene prisa por descansar en paz le entran ganas de ponerse ya manos a la obra porque el tiempo apremia.

Por otro lado, pero siguiendo la misma línea de comunicación, tenemos la lista de Alimentos que debemos ingerir al día si queremos mantener una alimentación equilibrada y saludable para estar en paz con nuestro organismo, con nuestra nutricionista favorita y, ya puestos, con la vida. A saber: lácteos, verdura, fruta (5 piezas, nada menos), cereales, hidratos, pescado…

Señoras, señores, no tengo horas en el día para seguir con pulcritud religiosa estos dictados, lo siento. Ni horas, ni buen saque pues, aunque soy de buen yantar, no me veo capaz de ingerir todo esto a diario.

Ya que año tras año vemos listas de este tipo, exijamos al menos que sean más concisas para al menos tener la posibilidad de llevarlas a cabo, pero sin el martillo acuciante del que ve cómo se le escapa la vida sin pena ni gloria porque no cumple con lo que le exigen.

En mi opinión, la responsabilidad de la proliferación de este tipo de listas —pensando sobre todo en libros y películas— la tienen septiembre y sus colecciones (binomio indisoluble que bien se merece, si así lo tiene a bien algún lector o lectora, un artículo exclusivo).

Así pues, dejadme leer —lo que sea— y no me recordéis que soy finito mediante listas imposibles. Yo elijo mi propia lista, o ella me elije a mí, y dejad las hipérboles para la poesía que, si bien es cierto que la vida es un poema, quiero ser yo quien elija la rima que la acompañe.