Estamos en el mes de octubre y empieza la campaña sobre la prevención femenina del cáncer, el llamado octubre rosa. Sin embargo, creo que hay otro cáncer que le acomete a nuestra sociedad en relación a las mujeres y que igualmente debe ser combatido: la violencia de género. Aunque podamos pensar que se trata de un desvío de algunos individuos de nuestra sociedad, la verdad es que se trata de algo mucho más profundo y persistente. La violencia no se refleja solamente en actos de violación sino, como bien, persiste con más fuerza justamente en las violencias no físicas, pequeñas y cotidianas de individuos de nuestra sociedad, considerados regulares o normales, y en nuestros medios de comunicación.

A lo largo de toda la historia de la humanidad, las mujeres han representado la fuerza creadora y alimentaria de las sociedades. En cada una de las diversas culturas alrededor del mundo podemos encontrar deidades femeninas que representan la naturaleza con toda su fuerza de vida o, ya en el patriarcado, las imágenes de la Virgen María y otras santas como símbolos de esperanza, cura y agasajo. Sin embargo, ¿por qué las mujeres siguen siendo los blancos más obvios y constantes de violencia?[1]

Aunque en la modernidad las mujeres seamos capaces de abrir y conquistar espacios tanto como los hombres, muchas aún reciben sueldos inferiores a los de sus pares masculinos. En el cotidiano, aunque tengan libertad para ir y venir, inconscientemente, siguen pensando en cómo evitar llamar la atención en la calle o en ambientes donde predominan individuos hombres,  puesto que fácilmente se convierten en objetos de acoso sexual. En las familias, aunque sean independientes, son amenazadas o calladas a la fuerza, puesto que sus ideas son siempre menos valoradas o desconsideradas. Las propagandas las menosprecian y las revistas femeninas les indican qué comportamientos deben seguir para conquistar a los hombres o tener el cuerpo objeto de deseo de estos, y no el cuerpo que respeta su naturaleza femenina, sus ciclos. Las mujeres somos educadas para competir con otras mujeres, las telenovelas refuerzan que las mujeres no somos confiables, o somos malas, cuando no se nos atribuye el papel de la víctima y frágil princesa presa en lo alto de una torre, a la espera del príncipe azul que la rescate.

 

Así, reconstruir imágenes es necesario. Y la escuela tiene un papel fundamental en ese sentido. Al valorar determinados comportamientos, reforzar estereotipos, crear diferencias entre grupos, refuerza igualmente las diferencias de tratamiento y la consecuente normalidad de estos desvíos. En las clases de lenguas extranjeras tenemos un espacio privilegiado de discusión, reflexión y formación de los ciudadanos y, obviamente, podemos y debemos pensar respecto a ese asunto en específico.

 

Además de una reflexión sobre su propio discurso, el profesor puede ser un observador de su entorno. Profesores de distintos colegios relatan cómo el machismo sigue en nuestra sociedad brasileña, generación tras generación, aunque hayamos avanzado tanto en las libertades a lo largo de las últimas décadas. Un ejemplo recientemente contado por un profesor fue el de un alumno de 11 años que expresó que las niñas de su grupo tenían “pocos atributos” femeninos, que no eran como las mujeres de las revistas, digamos. El desprecio de esa figura masculina influenció a algunas niñas, que empezaron a ponerse sujetadores rellenos de papel con el objetivo de parecerse a las mujeres que mencionaba el compañero de grupo. ¿Podríamos decir que dicho comportamiento es normal? ¿Esperamos que nuestras niñas sean de manera sutil, sin embargo cruel, puestas en moldes de mujeres objeto?

El profesor de español, así como los de otras asignaturas puede, en ese sentido, empezar a trabajar con sus alumnos campañas de valoración de la autoestima femenina y de educación de los niños contra el machismo. El primer paso es justamente el de concienciar a los alumnos.

 

Una de las campañas que los profesores pueden utilizar para empezar dicha reflexión es la propuesta por una marca de productos de higiene estadounidense, sobre la expresión “como una chica” (like a girl). Se les pidió a chicas y chicos de diferentes edades que hicieran diferentes actividades “como una chica”. Luego, se les pidió a niñas de diez años que hicieran lo mismo. Los resultados y la reflexión sobre la constitución de los estereotipos de lo femenino marcado como algo “malo” o “peor” se discuten en el video. [Velo en YouTube: http://www.youtube.com/watch?v=pQishDaKLdM. Accedido el 05 de octubre de 2015].

 

El profesor puede proponerles a los alumnos que reflexionen sobre cómo se sienten y cómo actuarían en la misma situación, respondiendo a la misma pregunta que los chicos del video. Tras ese trabajo, el profesor puede pedir a sus alumnos que hagan relatos cortos sobre en qué situaciones han podido notar discriminación, si ya han sido víctimas o si han tenido acciones de prejuicio hacia las mujeres de alguna manera.

 

El profesor puede, aún, llevar a clase textos de autoras y artistas mujeres latinoamericanas y discutir con los alumnos sus visiones sobre el tema, como la mexicana Frida Kahlo, cuya exposición ha llegado a Brasil recientemente, y autoras como la brasileña Clarice Lispector, la costarricense Yolanda Oreamuno o la venezolana Antonia Palacios, que afirmaba ya en 1976 que “la mujer ha contribuido a enriquecer la literatura venezolana con obras densas, de indudable calidad, que sin motivo alguno han sido ignoradas”.

 

Obviamente, debemos recordar que, muchas veces, las propias mujeres estimulan y fortalecen el machismo. Al reforzar en la creación de sus hijos la diferencia entre sexos, al estimular la competencia entre las niñas o la cosificación de la mujer, al considerar a la mujer culpable por la violencia de la cual es víctima (en muchos casos, las víctimas de violencia sexual son acusadas de “provocar” la agresión), al promover actos o discursos de violencia contra la mujer (“merece la violación”, “deberían matarla” etc.). En todos esos casos, desafortunadamente más frecuentes de lo que parece en nuestra actual sociedad brasileña, plantan la violencia contra sí mismas y, así, contra las propias mujeres, contra sus propias hijas, hermanas, sobrinas, nietas. ¿Hasta cuándo?

 

 

 

 

 

 

 

[1] Datos de la violencia contra la mujer en Brasil: Diponible en : http://www.compromissoeatitude.org.br/dados-nacionais-sobre-violencia-contra-a-mulher/ Accedido el 05 de octubre de 2015.

Mira también:<http://agenciapatriciagalvao.org.br/violencia/dados-e-pesquisas-violencia/dados-e-fatos-sobre-violencia-contra-as-mulheres/>. Accedido el 05 de octubre de 2015.