Estudios recientes de Lingüística de Corpus han demostrado que las lenguas presentan muchas más regularidades que las que aparentan. Uno de los campos que exhibe notable desarrollo es el del léxico, dentro del que se estudian, entre otros temas, las combinaciones que se muestran consistentemente como favoritas en cierta lengua o variedad, denominadas colocaciones (del inglés collocations).

Las colocaciones se distinguen de otros elementos típicos del estudio del léxico y de la fraseología como son los refranes o los modismos, como ‘meter la pata’. Los modismos suelen ser elementos mucho más salientes en términos cognitivos que las colocaciones, de las que damos dos ejemplos: “formar parte”, equivalente prototípico de “fazer parte” del Portugués Brasileño (PB), y “no siempre”, equivalente prototípico de “nem sempre” del PB.

El contexto de lenguas tipológicamente cercanas como el PB y el español ofrece un interesante campo de estudio de las colocaciones, tanto en el ámbito de la adquisición de lenguas como en el estudio comparado de lenguas.En la adquisición de lenguas, se observa cierta resistencia al reconocimiento y empleo de las colocaciones equivalentes cuando estas son ligeramente distintas del portugués, como es el caso de los dos ejemplos de arriba, que suelen aparecer equivocadamente en el contexto de enseñanza de español en Brasil bajo las formas, respectivamente, “hacer parte” y “ni siempre”. Aparentemente la llamada cercanía tipológica entre las lenguas tiene un efecto perjudicial en lo que se refiere a la adquisición de las colocaciones. Ante combinaciones léxicas parecidas, muchos aprendices terminan por adaptar y repetir inadecuadamente las combinaciones basadas en la lengua materna. Una de las razones para ello puede ser la ya mencionada poca saliencia de las colocaciones si comparada a la que exhiben los modismos.

Por otro lado, el estudio contrastado de las dos lenguas revela las sutilezas implicadas en el conocimiento de una lengua tipológicamente cercana. Para ello hay que acudir a datos. Y una de las fuentes de datos del español más accesibles es el propio Google, que ofrece una estadística de la frecuencia de cualquier secuencia de palabras introducida entre comillas, como “saca fotos” o “sacar fotos”. Las comillas sirven para que el Google busque exactamente aquella combinación, con lo que teóricamente, excluye otras parecidas que podría computar junto con la secuencia pedida. Otra fuente más fiable y disponible en línea es el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA), en la dirección: http://corpus.rae.es/creanet.html. Este ofrece estadísticas y frecuencia exacta de las colocaciones que se buscan.

Volviendo a las colocaciones en discusión, el Google y el CREA revelan que además de “formar parte” también de hecho ‘existen’ casos  de “hacer parte”, porque aparecen en la búsqueda. Lo mismo sucede con “no siempre” y “ni siempre”. Ante constataciones como esas, la actitud de muchos profesores es la de ‘tener que aceptar’ dichas construcciones, una vez que aparecen. Y si aparecen, sí existen. Muy bien, pero quisiera plantear lo siguiente: la prueba de que ‘exista’ dicha construcción no la hace equivaler a la construcción prototípica del idioma o variedad.

Así, “hacer parte” no equivale a “formar parte”, del mismo modo que “ni siempre” no equivale a “no siempre” y su empleo no es exento de problemas en la clase. Una vez que la adquisición se guía por los prototipos, el insertar dichas formas en el ambiente de clase y asignarles valor de prototipos a construcciones que no tienen ese estatus en la lengua meta puede empañar la posibilidad de éxito de nuestros alumnos. La única salida para ese problema de conocimiento lingüístico es estudiar y leer. Solo así un profesor puede llegar a saber con propiedad qué construcciones son centrales y cuáles son periféricas en la lengua/variedad que enseña. En eso se basa un buen proceso de enseñanza/aprendizaje, antes que en el puro dominio de procedimientos didácticos.

Un saludo y hasta el próximo post.