En mi anterior (y primera) intervención en este Espacio (“¿(De) qué gramática estamos hablando?”) comentaba la diferencia entre el “arte” de la gramática, como técnica que consiste en una “reducción en artificio” de la lengua (como decía Nebrija) y el “uso”. Una distinción clásica que nos acompaña como desafío hasta hoy a los profesores de lengua. Y hablaba sobre el lugar que la explicitación de la gramática podría tener en un proceso de enseñanza/aprendizaje que asuma una perspectiva comunicativa.

Siguiendo con este tema, y ampliando un poco la reflexión, quería llamar la atención sobre los desafíos que nos impone la “formalización” lingüística cuando queremos mostrar recursos gramaticales a nuestros estudiantes. El primero de ellos es, obviamente, ¿qué variante de las que están en uso vamos a mostrar? Los usos, como nos enseña la sociolingüística, configuran variedades que suelen ser reconocidas por los hablantes a partir de algunos rasgos que tienen alto valor simbólico en la identificación de comunidades y que funcionan, de hecho, como estereotipos.

Por ejemplo, no es extraño, ni incorrecto, identificar el uso del pronombre tónico de segunda persona del plural “vosotros” con España, y el uso del pronombre tónico de segunda persona del singular “vos” con Argentina. Sin embargo, esa identificación es aproximada e incompleta. Desconsidera que muchos habitantes del sur del Estado español no utilizan el “vosotros”, sino que para referir esa persona del discurso emplean el pronombre “ustedes” con su forma verbal correspondiente. Esa identificación tampoco tiene en cuenta que el pronombre “vos” no se utiliza de forma regular y homogénea en toda Argentina, donde conviven formas de voseo pronominal y verbal diferentes, y que además el voseo es un rasgo común, de diferentes formas y con diversos valores sociales, en varios países de América Latina, más allá del Rio de la Plata. Pero es que los estereotipos son así, parciales y simplificadores de la realidad. Nos sirven para orientarnos, de forma aproximada, en un mundo extraordinariamente complejo.

Una formalización del paradigma verbal que intente recoger “todos” los usos, como se hace, con buena fe, en algunos materiales didácticos, provoca más dudas que esclarecimientos, porque esa distribución de formas no pertenecería, de hecho, a ninguna variedad de uso concreta. Veamos este paradigma de presente de indicativo del verbo “comer”:

Yo como

Tú comes / Vos comés

Usted come

Él/Ella come

Nosotros/as comemos

Vosotros/as coméis

Ustedes comen

Ellos/as comen

 

En ese paradigma, además de convivir formas que nunca aparecerían juntas en el enunciado de un mismo hablante, se recogen los pronombres desde un punto de vista exclusivamente formal, sin indicar claramente su uso. No explica, por ejemplo, el hecho de que los hablantes que no usan el pronombre “vosotros”, utilizan el “ustedes” en su lugar, para referirse a la segunda persona del plural. Y es que no se puede deducir el uso (complejo) a partir de la forma (reducida). Es el uso el que precede a cualquier formalización.

¿Qué hacer, entonces? La clásica pregunta sobre qué español enseñar se desvanece, como dilema siempre presente en estos casos, si hacemos una pregunta previa: ¿qué es enseñar español?

Asumiendo una posición basada en el uso, habría que definir las condiciones concretas de enunciación de los estudiantes, observando dónde, cómo, de qué manera se da su contacto con el castellano; empezando por el que habla el profesor, pero también yendo más allá. Haciéndolos dialogar con una gran diversidad de enunciados del mundo hispánico, y haciendo las formalizaciones de forma contextualizada, completando paradigmas que están implícitos en esos enunciados, podemos evitar muchas ambigüedades e imposiciones.

Cualquier hablante desarrolla a lo largo de su vida, con mayor o menor extensión de acuerdo con sus experiencias, esa capacidad para dialogar con la diversidad lingüística dentro de lo que considera ser su propia lengua. Lo mismo debe suceder, desde mi punto de vista, con una lengua aprendida más tarde. Para eso, nosotros/as, profesores y profesoras, debemos intentar tener claro qué entendemos por aprender/adquirir un idioma.