A lo largo de mi carrera como docente e investigadora, he trabajado con las posibilidades de cursos y materiales dirigidos al aprendizaje y (re)conocimiento efectivo de la lengua española y sus culturas, como los que ya comenté en artículos anteriores de este blog. Algunos fueron: la enseñanza por medio del cine, los cursos de español para fines específicos, la importancia de la cultura en la enseñanza de idiomas. La visión de la lengua integrada a la cultura de los diversos pueblos que la hablan ha sido una preocupación constante, pues pude comprender que la enseñanza del idioma no es un tema sencillo ni tampoco desvinculado de las cuestiones críticas.

Así, una de las preocupaciones inherentes en mis clases ha sido la de proponer a los alumnos una reflexión sobre las cuestiones de identidad, construyendo un diálogo entre la(s) cultura(s) del alumno y las nuevas presentadas en el salón de clases.

Por lo general, el brasileño no tiene informaciones que vayan más allá de las presentadas por los medios de comunicación más masivos –en general, superficial y plagada de estereotipos–. El desconocimiento genera prejuicios y distancia. Por otro lado, elementos de la cultura popular actual lo acercan a ese alumno, por lo menos un poco, como sucede con parte de mis alumnos más jóvenes que reconocen la cultura latinoamericana representada por grupos musicales como Rebeldes (RBD) de México, o los personajes del Chavo del Ocho, teleserie que se presenta desde hace más de veinte años en la televisión brasileña en un canal más popular. Igualmente, la inserción de la lengua española en los currículos escolares en las últimas dos décadas ha ampliado la identificación de esas culturas. Sin embargo, las cuestiones culturales todavía se abordan superficialmente y la gramática es el foco de los profesores.

Como afirma Paulo Freire, necesitamos romper con las prácticas automáticas y sin propósito. Los profesores de español en Brasil tenemos un compromiso con la difusión del español para la comprensión de las culturas de sus pueblos, acercando, disminuyendo prejuicios, creando puentes de comprensión y rompiendo estereotipos. Desgraciadamente, el respeto a la diversidad, el reconocimiento de los valores culturales diversos, el diálogo real y plural vienen sufriendo amenazas constantes y, seguramente, hemos perdido en ese camino algo que no logramos comprender.

Como formadores, educadores, tal vez nuestro objetivo primero deba ser el de ampliar en los individuos la consciencia crítica y social, tanto como el respeto y la tolerancia intercultural, para poder llegar a generar la transformación que tanto reclamamos para nuestras sociedades, pero que representa un cambio que, cómodamente, muchos evitan.