Hoy tengo 65 años y soy traductora desde los 26.

Por eso colecciono tantas historias en mi currículo.

Empecé en máquina de escribir, que si te saltabas una línea del texto tenías que desechar la hoja entera y volver a mecanografiarlo todo.

¡Cuántas horas perdidas! Un tiempo sin añoranzas.

(Me salté la parte del papelito corrector, la IBM de bolita, y otras.)

Después, una amiga querida me introdujo a una pantalla con letras verdes en la que podíamos corregir los eventuales errores con alguna facilidad.

¡Cuántas horas ganadas! Un tiempo de esperanzas.

(Me salté la parte de la falla de electricidad que te echaba a perder todo lo que habías escrito hasta ese momento.)

Después vinieron las computadoras y podíamos escribir, y mandar archivos a un tercero en disco.

¡Cuánta alegría! Vivir en cualquier lugar y poder intercambiar el trabajo. Un tiempo productivo.

Así participé de la creación de muchos libros con otras compañeras.

Después vinieron las cat-tools (herramientas de traducción). Con las cuales se traduce más rápido, si tienes textos o frases que se repiten. Quienes las usan parecen estar satisfechos.

Si traduces las casi 40 páginas del balance anual de una empresa, te va a resultar útil no tener que teclear n veces “activo realizable”, “pasivo exigible”, “capital integralizado”, etc.

Paralelamente llegó el temible Google Traductor.

Hace un par de años, en una película de carácter histórico aparecía el Papa Pio XII. Traducción Google al portugués: Batata Pio XII.

La herramienta ha avanzado bastante en diversos aspectos e idiomas (no todos), y creo que ese tipo de equivocación ya no se produzca tanto, pero está lejos de sustituir al traductor.

Sí, la tarea del traductor (jurado, técnico) será más ágil con las nuevas herramientas. En contrapartida, aumentarán las exigencias de los clientes quienes pretenderán que traduzcas 100 páginas en un día.

¡Felicitaciones a quienes logren hacerlo!