Y llega diciembre.

Como en todos los otros meses, muchas actividades, un sinfín de compromisos. Sin embargo, agranda la sensación de urgencia, como si todo tuviera que ser hecho al instante.

Nunca he entendido el porqué: uno se acuesta el 31 y se despierta el 1 en el mismo lugar y de la misma manera. Misterios y convenciones.

De todas formas, no hay como no ver el movimiento.

Miro alrededor y observo los profe. La pasión que los mueve está allí, pero igual el cansancio de un año todo dedicado a hacer aquello que eligieron hacer.

Pienso que, para algunos, es solamente una pausa, mientras para otros es momento de nuevos desafíos – como si el aula no fuera un desafío constante…

Pienso que, como siempre, quiero que todo esté listo para salir de vacaciones tranquila. Pero igual me acuerdo que nunca he logrado hacerlo. Dejo de ir al cole por unos días pero, aunque intente, no dejo jamás de tener ideas, de imaginar que este u otro material resulta en esta o aquella actividad, que una lectura puede rendir una clase distinta… Y, de alguna manera, ¡no dejo nunca de ver a mis alumnos, los de ahora y los de otros tiempos!

Están ahí las tecnologías… aquellas que, para algunos, solo sirven para alejar a las personas… Prefiero pensar que ayudan a acercar… Recibo noticias de todas las partes, en redes sociales, en mensajes de texto, por correo electrónico… ¡Hasta recibo cartas! Una que otra vez los encuentros dejan de ser virtuales, y entonces es hora de abrazos y fotos…

Pienso… ¡Qué bien que un día he decidido ser profe! Y ya imagino los nuevos alumnos que todavía vendrán.

Buen final de año a todos y a todas.