Busco ofrecer, por lo menos una vez al año, entre mis actividades docentes en mi universidad, una asignatura optativa de gramática del español. Una de esas asignaturas optativas tiene el objetivo de discutir aspectos contrastivos entre el portugués y el español. Suelo abrir el curso con el texto de Andreia Menezes (2009) en el que discute la permeabilidad del portugués en el español y viceversa a partir del análisis de la obra “Sangue de Amor Correspondido” y su traducción al español del escritor argentino Manuel Puig. El objetivo general de Menezes (2009) es analizar la permeabilidad entre las dos lenguas ya que el autor escribió la obra en portugués cuando vivió en Rio de Janeiro y luego la tradujo al español cuando se fue a Argentina. El texto trae excelentes observaciones y recomiendo su lectura.

El punto al que quiero llegar, finalmente, es el de la comparación entre los pronombres personales sujetos. Sin embargo, antes que nada, quisiera recordar que ni el portugués ni el español son lenguas homogéneas y que el sistema pronominal puede variar significativamente a depender de la variedad lingüística en juego (en el caso del español, el Caribe insular es completamente diferente de la mayoría de las demás variedades del español, acercándose mucho al sistema de la mayoría de las variedades del portugués brasileño).

Es bien conocido que, aunque el portugués y el español comparten históricamente el mismo inventario pronominal, el portugués brasileño tiende a rellenar la posición del sujeto con un pronombre personal y que el español va en el sentido inverso, evitando ponerlos salvo en situaciones gramaticales y pragmático-discursivas muy específicas, lo que significa que una oración como “Eu vi João no mercado. Ele me cumprimentou e ele me disse que ele pensava que ia chover” tiene como equivalente en español la oración “(*Yo) Vi a Juan en el mercado. (*Él) me saludó, y (*él) dijo que (él) pensaba que iba a llover” (ZAGONA, 2002, p. 25), en la que el uso de los pronombres es agramatical (salvo en el Caribe, como ya señalé, donde se usan los pronombres personales en muchos de los contextos no permitidos en las demás variedades).

El tema es que Menezes (2009, p. 55), al comparar las dos versiones de la obra, trae el siguiente fragmento en el cual debe observarse que, en la versión del español, los pronombres de tercera persona aparecen en todas las oraciones:

a. Na época ela queria que ele fizesse a faculdade de engenharia, mas ele não tinha condições, certo? Os pais dele na época não tinham dinheiro. Então aí ele disse pra ela que não dava, ele ia ter queprocurar uma nova vida e tal, o trabalho dele na época era… ele trabalhava com projetos elétricos, dá pra entender? 

b. En aquella época ella quería que él se hiciese… ingeniero, en aquella época, pero él no tenía medios ¿se entiende? Los padres de él no tenían dinero en esa época. Entonces él le dijo que no podía, él se tenía que abrir un camino en la vida, en esa época lo que él hacía era… proyectos eléctricos ¿está claro?

El uso “excesivo” de pronombres sujetos le parece raro a Menezes (2009) y concluye que el autor no desconocía la asimetría entre las dos lenguas, sino que “foi propositadamente utilizada para dar à tradução a sonoridade do PB, para causar nos leitores em espanhol o efeito de sentido de estar lendo um texto em espanhol, mas que é brasileiro” (p. 55).

Menezes (2009) ignora el hecho de que no hay otra manera de decirlo en español que no sea con la presencia del pronombre dado que es un contexto de contraste. En ese fragmento se está contraponiendo lo que quería la novia y lo que podía hacer el chico. Por lo tanto, el pronombre personal no puede omitirse pues está focalizado. El “demasiado” uso de pronombres en ese fragmento nada tiene que ver con intenciones discursivas en el sentido dado por Menezes (2009).

La imposibilidad de omisión del foco queda clara en casos de respuesta (compárese la primera respuesta, con sujeto focalizado, con la segunda respuesta, sin sujeto focalizado):

A: ¿Quién hace la sopa? / B: *La hago.

A: ¿Cuándo haces la sopa? / B: La hago cada lunes.

Sea cual sea la intención, en contexto de contraste, el hablante está obligado a poner el pronombre sujeto. El lapso de Menezes (2009) pone de relieve, una vez más, la importancia del conocimiento gramatical en el proceso de enseñanza-aprendizaje de lenguas extranjeras porque las lenguas se encuentran y desencuentran pero pueden reencontrarse también .