Seguimos con la reflexión que empezamos anteriormente acerca de la creencia de que no se explota la gramática en libros de texto de español producidos para el PNLD, y de hecho no la encontraremos si buscamos un conjunto de reglas para memorizar, frases sin contexto con huecos para llenar y listados de palabras ordenadas por categoría gramatical.

Los criterios de evaluación de libros para la enseñanza de español en el PNLD se apoyaban[1] en la concepción de lenguaje como proceso de interacción: existe comunicación entre interlocutores cuando hay efectos de sentido, es decir, cuando uno de ellos produce un texto (escrito u oral) y el otro lo comprende, porque le asigna sentidos. Así, uno conoce una lengua y la domina cuando sabe elegir diferentes recursos lingüísticos (fonemas, palabras, categorías, funciones sintácticas, prosodia, etc.) para producir un texto con un propósito comunicativo determinado y adecuado al contexto inmediato, que es conformado por factores sociohistóricos e ideológicos.

Lo que es adecuado a un contexto comunicativo puede no serlo en otro, pues los usuarios de la lengua hablan y escriben desde diferentes lugares sociales, según los roles establecidos imaginariamente para dichos lugares. De ahí que el objetivo de las clases de lenguas debe ser el de desarrollar la educación lingüística, de modo que los estudiantes sepan producir y comprender textos, de acuerdo a las situaciones de interacción.

Teniendo en cuenta lo anterior, concluimos que el texto es el objeto de estudio, cuando se enseña/aprende una lengua. Por lo tanto el lugar de la gramática es en el texto. Al desarrollar las destrezas lingüísticas (leer, escribir, escuchar y hablar), lo que se hace es usar los recursos que la lengua ofrece para llevar a cabo propósitos comunicativos en la interacción con otros sujetos, por medio de textos orales y escritos. Parece obvio, pero todavía persiste la idea de que saber una lengua es saber decir los nombres de los tiempos verbales, reconocer todas las funciones de ‘se’ o recitar definiciones. Saber una lengua es saber producir/comprender textos, no como una fórmula de codificación/decodificación, sino como un complejo proceso de construir sentidos.

[1] Desafortunadamente, el español ya no forma parte del PNLD.