La tesis doctoral de Neide González (González, 1994) muestra que la similitud entre el portugués y el español también produce problemas en la producción de los aprendices brasileños dado que, aunque comparten una cantidad significativa de léxico, la estructura gramatical, o sea, como el léxico se relaciona en la frase, y la producción de sentido puede ser distinta en cada lengua. La similitud es, por lo tanto, aparente, especialmente si se tiene en cuenta que el portugués brasileño se aleja considerablemente del portugués europeo desde fines del siglo XIX, provocando un “abismo” entre la norma estándar y lo que dicen los brasileños en realidad.

Hace unos meses, estuve en una discusión sobre qué variedad del español adoptar en las clases en Brasil y alguien que recién había publicado un serie didáctica para estudiantes brasileños dijo que su colección se había hecho en el español de Brasil. De pronto, me pregunté “¡¿qué es eso?!”. Y aquí daré mi opinión, como lingüista, de lo que pienso sobre el tema.

El primer problema es comprender qué elementos constituyen una lengua natural. Si observamos la historia lingüística del mundo, se observa que las lenguas sólo existen cuando hay hablantes nativos (digo, niños que aprenden dichas lenguas en la infancia) y la usan toda la vida (o no) y la transmiten a otros niños de la generación siguiente. Eso implica que esa lengua se utiliza de manera consistente en la comunidad lingüística, ya sea para los negocios, para los estudios, para el trabajo, para la familia etc. Los estudios sobre lenguas en contacto, en especial, en ambientes post-coloniales, muestran muy bien cómo se da esa dinámica.

Salvo en las regiones de frontera, en donde hay una interacción efectiva entre el portugués y el español y la gente usa esa variedad intermedia para la interacción real, no se da en Brasil ningún caso consistente en que el español es de hecho la lengua de un grupo de brasileños. El español en Brasil se usa en contextos muy específicos (clases de la lengua, eventos, visitas puntuales, negocio, relaciones específicas con hispanohablantes). No hay una interacción social natural y efectiva en lengua española en Brasil en la que las personas pueden comprar ropa, comida, ofrecer servicios, relacionarse etc. en español. Y lo principal: no hay generaciones de niños que adquieren esa lengua en la infancia como lengua primera.

En ese sentido, mi opinión es la de que no hay un español brasileño como una variedad lingüística legítima así como se puede decir que hay un español mexicano, un español cubano, un español catalán etc. aunque esas etiquetas no estén libres de polémica. El español de Brasil no es nada más que la lengua producida por hablantes extranjeros, si se quiere, una interlengua o una lengua franca, que la aprenden y la usan en contextos específicos. Y, mientras no se utilice de manera generalizada y no tenga hablantes nativos, jamás se caracterizará como una variedad lingüística igual a las demás variedades del español ni tampoco será adecuada para la enseñanza de español.