En este post me gustaría tratar de un tema bastante conocido, pero que siempre vale la pena volver a reflexionar sobre su importancia y me refiero, en concreto, a las competencias profesionales y, particularmente, a la capacidad del profesor de organizar situaciones que promuevan el aprendizaje.

Sabemos que la organización de situaciones de aprendizaje consiste en cómo crear y desarrollar contextos que proporcionen a los alumnos oportunidades para que ellos aprendan, por medio de la movilización de sus saberes y la adquisición de otros, lo que requiere que el docente planifique situaciones de aprendizaje que resulten relevantes, atractivas, propositivas e innovadoras para los alumnos, considerando sus intereses y los diversos componentes del currículo. En esa planificación se debe valorar y reconocer la diversidad en lo que se refiere a las diversas modalidades de trabajo en las clases y, si es posible, respetar los estilos, ritmos y características individuales de los alumnos, sin olvidar los contextos socioculturales de los que proceden.

La organización de situaciones de aprendizaje presupone una serie de acciones como, por ejemplo, diagnosticar y conocer las necesidades de los aprendices, estimular el uso y la reflexión sobre la lengua, planificar secuencias didácticas, servirse de las distintas tecnologías de la información y comunicación, trabajar en equipo, manejar la progresión del aprendizaje y gestionar el aula. Aunque todos esos aspectos sean importantes, destaco uno de esos, específicamente, el que se refiere al uso de la lengua y a la reflexión sobre dicho uso. En este sentido, es importante que el profesor considere lo que los alumnos ya saben, es decir, lo que pueden aportar como conocimiento previo, y que los oriente en la construcción de nuevos conocimientos, como son los lingüísticos y culturales. Con esa finalidad, es necesario favorecer algunos procedimientos de aprendizaje, ya que esos son fundamentales para que los aprendices puedan acercarse cada vez más a la lengua que están aprendiendo. Así, entre tales procedimientos hay algunos como, por ejemplo, el hecho de centrar la atención y buscar semejanzas y diferencias entre su lengua y la que están aprendiendo y elaborar reglas y explicaciones para determinados usos, o identificar errores, proponer explicaciones e interpretaciones, bien como correcciones y adecuaciones aplicables a los diferentes contextos comunicativos. Otro procedimiento consiste en identificar cuál es el objetivo de determinada tarea y, a partir de eso, saber cómo proceder al ejecutarla, sea a través de la ayuda de otros compañeros, sea a través de la consulta a materiales o fuentes complementarias, o ya sea a través del empleo de diferentes estrategias de aprendizaje. En resumen, son acciones que implican a los aprendices y que pueden contribuir para que los aprendices investiguen, analicen y resuelvan problemas relacionados al uso de la lengua que están aprendiendo.